Diócesis de Matagalpa

Homilía del Obispo de Matagalpa el 1ero de enero 2019

Homilía de monseñor Rolando Alvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa, el 1ero de enero en la Iglesia Catedral durante la solemnidad de Santa María Madre de Dios, y en la Jornada Mundial de Oración por la Paz, basado en el mensaje del papa Francisco para esta ocasión:

Al iniciar un año civil más, lo hacemos bajo la mirada de Santa María Madre de Dios. De su mano queremos recorrer el camino que hoy comenzamos. Y en la presencia de Jesús Sacramentado, queremos unirnos al Santo Padre, orando por la paz en el mundo. Y por supuesto en nuestra amada Nicaragua.

Lo hacemos dejándonos iluminar por el mensaje del Papa Francisco para esta 52 Jornada Mundial de Oración por la Paz: La buena política está al servicio de la paz.

Nuestro primer saludo es desear a todos, la paz.

“Jesús, al enviar a sus discípulos en misión, les dijo: «Cuando entréis en una casa, decid primero: “Paz a esta casa”. Y si allí hay gente de paz, descansará sobre ellos vuestra paz; si no, volverá a vosotros» ( Lc 10,5-6).

La paz debemos acogerla, aceptarla. Hacerla nuestra con actitudes que favorezcan la justicia, la fraternidad y el amor, como fuerzas que mueven los hilos de la historia y de los pueblos.

El desafío de una buena política:

“La paz es como la esperanza; es como una flor frágil que trata de florecer entre las piedras de la violencia. Sabemos bien que la búsqueda de poder a cualquier precio lleva al abuso y a la injusticia. La política es un vehículo fundamental para edificar la ciudadanía y la actividad del hombre, pero cuando aquellos que se dedican a ella no la viven como un servicio a la comunidad humana, puede convertirse en un instrumento de opresión, marginación e incluso de destrucción”.

La política en el sentido más profundo y auténtico, es el arte de la civilización. La capacidad de contribuir al progreso. Por éso, la política es un desafío permanente que debe entretejer armonía para el progreso y la civilización.

La política está, debe estar al servicio de los pueblos. De ahí que la política no debería ser un mecanismo para sacar provecho, ventajas, menos aún servirse de la gente para fines egoístas y personales. Esto deforma total y completamente, el sentido auténtico de la política. No se vive de la política. Se hace política, para vivir al servicio del pueblo. El político por éso, es un servidor público.

El desafío de una buena política:

“La función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo. La política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”.

El Papa Francisco propone un “programa con el que pueden estar de acuerdo todos los políticos, de cualquier procedencia cultural o religiosa que deseen trabajar juntos por el bien de la familia humana, practicando aquellas virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad”.

Qué dicha contar con políticos así. Qué felicidad para un país, para una región, para una comunidad, contar con políticos que se dejen impregnar de estas virtudes. Todos necesitamos de estos políticos. Sólo con políticos así, un país, una nación puede salir adelante. Hombres y mujeres, capaces de saberse y sentirse verdaderos artistas de progreso y bien común. Hombres y mujeres, que más que responder a los intereses de un partido, respondan a los intereses de la Patria. Hombres y mujeres, que hagan Patria. Auténticos patriotas.

“Estamos convencidos de que la buena política está al servicio de la paz; respeta y promueve los derechos humanos fundamentales, que son igualmente deberes recíprocos, de modo que se cree entre las generaciones presentes y futuras un vínculo de confianza y gratitud”.

Esta es una política para la paz. Sin embargo, recordemos que una auténtica cultura de paz, de entendimiento, de respeto a los derechos fundamentales de los demás, de justicia y de fraternidad, sólo comienza en la familia reconciliada y reconciliadora. Así, el político tiene una magnífica oportunidad de ayudar a construir la paz, una civilización de paz. Así, la política se presenta como una magnífica oportunidad de ayudar a construir la paz. Nunca la guerra. Un político que no sirve a la paz, nunca podrá servir para la política.

Los vicios de la política:

“Los vicios de la vida política restan credibilidad a los sistemas en los que ella se ejercita, así como a la autoridad, a las decisiones y a las acciones de las personas que se dedican a ella. Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social: la corrupción —en sus múltiples formas de apropiación indebida de bienes públicos o de aprovechamiento de las personas—, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la “razón de Estado”, la tendencia a perpetuarse en el poder, la xenofobia y el racismo, el rechazo al cuidado de la Tierra, la explotación ilimitada de los recursos naturales por un beneficio inmediato, el desprecio de los que se han visto obligados a ir al exilio”.

La buena política promueve la participación de los jóvenes y la confianza en el otro:

“Cuando la política se traduce, en un estímulo de los jóvenes talentos y de las vocaciones que quieren realizarse, la paz se propaga en las conciencias y sobre los rostros. Se llega a una confianza dinámica, que significa “yo confío en ti y creo contigo” en la posibilidad de trabajar juntos por el bien común. La política favorece la paz si se realiza, por lo tanto, reconociendo los carismas y las capacidades de cada persona. «¿Hay acaso algo más bello que una mano tendida? Esta ha sido querida por Dios para dar y recibir. Dios no la ha querido para que mate o haga sufrir, sino para que cuide y ayude a vivir. Junto con el corazón y la mente, también la mano puede hacerse un instrumento de diálogo».

Por esa razón, en Nicaragua necesitamos también, una nueva generación de políticos jóvenes, que le impriman dinamismo a la pluralidad ideológica, a la diversidad de pensamientos. Políticos jóvenes y jóvenes políticos, que se arriesguen por construir nuevos senderos, mejores de aquellos que hemos podido construir hasta ahora.

“Cada uno puede aportar su propia piedra para la construcción de la casa común. La auténtica vida política, fundada en el derecho y en un diálogo leal entre los protagonistas, se renueva con la convicción de que cada mujer, cada hombre y cada generación encierran en sí mismos una promesa que puede liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales”.

La clase política nicaragüense tiene un desafío histórico fundamental. Un desafío que ya no tiene marcha atrás: o se hace historia, como “artesanos de paz”, o se hace historia como “destructores de paz”. O se hace historia, como “artesanos de democracia”, o se hace historia como “destructores de la democracia”.

“Hoy más que nunca, nuestras sociedades necesitan “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros y testigos de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana”.

Un gran proyecto de paz:

“La política de la paz ―que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas― puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: «Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre» ( Lc 1,50-55).

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