Diócesis de Matagalpa

Reflexiones de monseñor Rolando Alvarez para la semana:

Nos encontramos en el Evangelio del pasado domingo ante hombres pescadores que ya habían terminado su faena, afligidos, agobiados en sufrimiento y desesperanza por no ver un futuro claro o no ver un horizonte, bajando sus brazos como señal de derrota al punto de decir: “Aquí no hay más que hacer hemos trabajado toda la noche y no hemos pescado nada”, incluso podríamos ver en esta fatiga al que además se encuentra ya viviendo esa frustración incomprendido, señalado, calumniado; ¿cuántas cosas que pesan no sólo en los hombros sino en el espíritu, en el alma? Cosas que pueden agobiar a un matrimonio, una familia, una ciudad y país, tantas cosas que pueden agobiar.

Muchos pueden decir como Simón hemos trabajado tanto, hecho tanto y no pescamos nada, la noche cayó y las redes están vacías, en esta situación podemos estar cada uno de nosotros con sus dificultades y frustraciones pero viene el Señor con su palabra para restablecer a los apóstoles, a aquellos hombres desesperanzados en la batalla con miedo, pero se levanta el Señor fuerte dice el salmista, él siendo el único capaz de cambiar cada historia y volverla en historia de salvación le dice a Simón: “Lleva la barca mar adentro y echa tus redes para pescar”. Es un mandato, vuelvan mar adentro aunque ya hayan guardado la barca y sea de noche, vayan mar adentro, dice el Señor, vuelvan mar adentro.
 
Me recordaba también cuando aquel paralítico seguía al Señor y la casa estaba llena al punto de no poder entrar por sus propios medios, cuatro hombres no se dejan vencer por las contrariedades y se suben al techo con el hombre y de ahí lo bajan hacia Jesús quien le dice: “Toma tu camilla y vete a tu casa”. Ese es el Señor que visita a su pueblo, dice el papa Francisco que el Señor que visita a su pueblo está cercano a él y tiene compasión de él. Se levanta el Señor para dar la cara por su pueblo y decirle: Mar adentro, “pero Señor hemos trabajado toda la noche y no logramos nada”, aquí vienen las palabras de Simón: “En tu nombre Señor echaremos las redes, sólo porque tu lo dices volveremos mar adentro y echaremos las redes confiados en tu palabra”.
 
Esa es la razón para que en cualquier tribulación que estemos viviendo, que estés viviendo no importa si es dura o fuerte y te ha tirado al piso, recuerden en esos momentos lo que dice el Papa que la mayor acción del demonio no es hacernos pecar, sino dejarnos tirados en el piso de la derrota, de la frustración, del fracaso, eso hubiese sucedido si Simón no hubiese escuchado la voz de Jesús, el demonio hubiese vencido. Por eso al tratar de cumplir la misión que el Señor nos ha confiando en la vida hemos en medio de todo tratar de ir adelante porque como dice Simón: “Sólo Señor porque tu me lo has confiado e indicado, volveremos mar adentro”.
 
El papa Francisco insistió en Panamá en caminar, ir adelante, avanzar, caminar es no estar inquietos, no quedarse postrado diciendo no he logrado nada, caminar es obedecer la voluntad de Dios. Dice el texto que Simón así lo hizo y recogieron cantidad de pescados que hasta se rompían las redes. Esa es la obra del Señor, si obedeces y sigues te sucederá esto mismo que pasó con los apóstoles, por eso nuestra única esperanza y confianza hoy y siempre debe estar puesta en el Señor porque recuerden hermanos que el Señor es siempre fiel.
 
Narra el Evangelio que fue tantas las veces que los pescadores hicieron seña a los compañeros de la otra barca para que les ayudasen pues de tantos pescados hasta se hundía la barca, ese es el Señor que renueva, que reactiva y vuelve a poner a la persona en el camino, el Señor que hace su obra prodigiosa, este es el Señor que visita a su pueblo, que está cercano a él y entonces la barca hasta se hundía de tanta pesca, ahí donde parecía que no había nada es precisamente donde el Señor hace su obra y Simón Pedro dice: “Apartate de mi que soy un pecador”. Entonces uno reconoce que hubo momentos que no se confió en el Señor, momentos en que quitamos la mirada del Señor y la pusimos en los problemas y por eso empezamos a hundirnos en la desesperanza, pero al ver la pesca milagrosa uno dice: Apartate de mi que soy un pecador, apartate de mi porque porque desconfié.
 
El texto concluye con la llamada y dice el Señor: “No temas”. Jesús sabe de que material estamos hecho, sabe que somos un barro quebradizo, y agrega Cristo: “Desde ahora te haré pescador de hombres”. Esta llamada no es sólo al consagrado, al apóstol, es llamada a todos, y dice un escritor que ser pescadores de hombres es caminar junto a Jesús, es ir detrás de Jesús tomados de la mano de él, pero también es caminar junto a los otros, una llamada a encontrarnos con el otro y descubrir en el otro un hermano, postrarse, mirarse a los ojos sin sentirse extraño comunicándose lo más serio de la existencia para que ahí nazca una realidad divina.
 
Esta llamada es para todos, uno para ir de la mano de Jesús y dos para ver al prójimo como un hermano, y de esta manera amados, damos testimonio que somos el pueblo de Dios, el pueblo de su heredad y damos testimonio que somos un pueblo de hermanos capaz de ir a encontrarnos, de reconstruirnos amistosamente, y entonces siempre que hagamos esto estemos seguro que ahí está naciendo una realidad divina.

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