Diócesis de Matagalpa

“Quien no reconoce la grandeza de su dignidad de persona y de ser hijo de Dios menos que la reconocerá en el hermano”. Reflexiones de monseñor Rolando Alvarez para la semana:

Estamos celebrando el cuarto domingo de Cuaresma, llamado domingo de Laetare, es una alegría serena, interior y desde la liturgia de este día la Iglesia quiere recordar que este camino espiritual debe ser realizado con gozo sereno e interior porque el final del trayecto es la pascua y la resurrección del Señor.

En realidad el cristiano debe estar alegre aún entre las vicisitudes, dolores y problemas del mundo porque nuestra alegría viene del Señor. Pensaba que así como la liturgia de hoy y viviendo la realidad de Nicaragua, debemos estar siempre alegres pero nuestra alegría es como la de hoy, penitencial.

Ante el texto del día quisiera que reflexionemos con la exhortación Reconciliación y Penitencia del papa San Juan Pablo ll en 1984, donde dice que todo hombre es hijo pródigo, porque ha reclamado una autonomía absoluta, esto significa que no sólo es autónomo porque todos somos y debemos ser autónomos, el problema es que reclama una autonomía absoluta en la que Dios no tiene que ver nada, en la que Dios no entra, reclama una soberanía e independencia en la que Dios no tiene una palabra que dar, pues el hijo pródigo se aleja, se va y no quiere nada de la casa del Padre, porque ha hecho su becerro de oro, prefiere construirse su propio ídolo y bailar en torno a él danzándole.

El hijo pródigo representa al que se deja engañar por luces de colores, al que es superficial, a quien actúa superficialmente porque nadie puede dar lo que no tiene, al que ha vivido en la superficialidad del mundo y relatividad de los valores viviendolos en conveniencia, pensando en que todo será bueno según la conveniencia, esto también es la ética de las situaciones, el que define lo bueno y lo malo es el sujeto, todo dependiendo de como él o ella ve las cosas, de como ve el mundo. Este hijo pródigo representa al hombre que cree que sus posiciones, que sus bienes materiales le permiten decidir sin tener en cuenta a Dios y menos al hermano, es decir al hombre que por sus bienes materiales y económicos es capaz de decidir por los demás y ¿porqué pasa esto? Porque el hijo pródigo dice: “Dame la parte que me corresponde”.

El hijo pródigo representa el egoísmo del hombre que piensa en si mismo, en salvar sólo su pellejo sin importar los demás. El hijo pródigo representa la pregunta que el Señor hace a Caín ¿Dónde está tu hermano? Es decir ¿Dónde está tu prójimo, qué has hecho con tu prójimo?.

Siempre dejándonos guiar por la exhortación Reconciliación y Penitencia de San Juan Pablo ll, dice el Santo que el hijo mayor es un gran hombre, cumple la ley pero su corazón está lejos del Padre y esto se deja notar en la parábola cuando dice: “Yo he estado contigo toda la vida, he administrado tus bienes, cumplo la ley pero nunca me has dado un becerro”. Este hijo no conocía el corazón del Padre y por su puesto no conocía el corazón del hermano. Es un hombre que se dejaba ofuscar por su terquedad, se deja ofuscar la razón y cuando un hombre permite eso no ve claro el horizonte, ya su mirada es semi oscura, ya perdió la claridad, la lucidez, y San Ignacio de Loyola dice que la lucidez es la claridad de la situación actual que se vive.

El hijo mayor ya perdió la lucidez, ya no está claro, este hijo mayor causa intranquilidad, causa confusión. Pensaba esta mañana en qué si al hijo mayor Dios le hubiese preguntado ¿Dónde está tu hermano? Hubiese respondido: ¿qué tengo que ver yo con mí hermano? al igual que respondió Caín, ¿qué tengo que ver yo con los demás sí estoy encerrado en mí propio capricho? ¿qué tengo que ver?.

Continuando con la reflexión dice el papa Juan Pablo ll que el hijo pródigo representa a la familia humana dividida por la búsqueda de intereses personales y no comunes, por buscar intereses propios, dividida por la falta de respeto a las diferencias, cuántas veces no les dije a ustedes aprendamos a respetarnos y querernos desde las diferencias donde si nos respetamos los unos a los otros lograríamos ese respeto, esa familia humana que permite dejar que el otro se diferencie a mí, porque antes de buscar como amarnos debemos buscar como respetarnos.

El Padre ya como sabemos es el Padre misericordioso que ofrece lo propicio para el encuentro, para la reconciliación, él no deja que el hijo pródigo le diga trátame como a uno de tus siervos, este hijo nunca se sintió hijo, no se sintió digno, y menos reconoció la grandeza en el hermano, porque quien no reconoce la grandeza de su dignidad de persona y de ser hijo de Dios menos que la reconocerá en el hermano.

El hijo mayor no quiere entrar a la fiesta y el papá va donde él a hacerlo parte del banquete, parte del festejo. En realidad ni el hijo pródigo ni el hijo mayor conocía el corazón del papá y en realidad los dos se consideraban siervos, no hijos.

La parábola queda abierta para nosotros porque no dice si el hijo mayor entró, y el papa Juan Pablo ll dice que si no entra el hijo mayor no está completa la fiesta, está incompleta, ahí uno entiende como dice el concilio Vaticano ll que “aún las estructuras más sofisticadas del mundo si no nacen de la conversión terminan siendo injustas”. De eso los obispos africanos en su sínodo se comprometieron a trabajar en la purificación interior del hombre, porque sólo hay paz auténtica y verdadera justicia cuando nace de un corazón purificado, de un interior purificado en la presencia de Dios.

Sigamos pidiendo al Señor que por intercesión de la Virgen Santísima nos ayude a entrar cada día más como creyentes en la lógica divina y no en la lógica humana que nos puede confundir; siempre escuchando la palabra de Dios, siempre esperando el oráculo del Señor, siempre anhelando sus promesas, porque las promesas del Señor nuestras son y primero pasa el cielo y la tierra antes que deje de cumplirse una sola coma de la palabra de Dios.

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