Diócesis de Matagalpa

“Aquellos a quienes el mundo tiene como insignificantes y como que no piensan, son los que en la Cruz saben que Cristo es más que poderoso”. Reflexiones de monseñor Rolando Alvarez, al iniciar la Semana Santa:

Con la celebración de Domingo de Ramos hemos entrado en la Semana Santa, una semana en la que celebramos la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo, por lo tanto de todo corazón sufriente e incluso de todo aquel que respeta el dolor de este corazón.

Los textos bíblicos proclamados nos hablan de la humillación que experimentó el hijo de Dios vivo. En la lectura del profeta Isaías hemos leído: Ofrecí la espalda a los que me golpeaban, la Mejía a los que me golpeaban la barba, no aparté mí rostro”. En el salmo hemos orado: “Dios mío, Dios mío porque me has abandonado, Señor auxilio mío ven ayúdame no te quedes de mí tan alejado”. Qué decir de la carta de San Pablo a los Filipenses que hemos escuchado hablando de la humildad de Cristo que siendo Dios no se aferró a la prerrogrativa de su condición divina sino que se anonadó e hizo semejante a nosotros menos en el pecado.

La lectura de la pasión es la carta magnífica de la humillación que Cristo sufrió por nosotros, de una humillación sufrida por una libertad totalmente genuina y con un amor radicalmente gratuito, quiero decir que la sufrió inteligente y voluntariamente como una ofrenda al Padre y a nosotros, una ofrenda de amor por la cual nos salvó y redimió. Sin embargo esta ofrenda de amor y humillación redentora y salvífica de Cristo fue vivida por el hijo del hombre en una lucha entre el poder humano y divino.

Les invito a recorrer brevemente una vez más la pasión de nuestro Señor Jesucristo según San Lucas para que vayamos contemplando como un pequeño grupo de poder que normalmente en la historia no da la cara, que se mantiene siempre detrás pero pensando que su poder es tan grande pensando en mover hilos importante para influenciar o dirigir a otros, para introducir en algunos ideas falsas o maquiavélicas que perjudiquen al hijo de Dios, que perjudiquen su presencia en el mundo y que perjudiquen los principios que ha venido a dejar. Veamos como puede actuar un pequeño grupo de poder que hasta cree poder pensar y decidir por el pueblo.

El Señor estando a la mesa con sus discípulos asegura: “La mano del que me va a entregar esta conmigo sentado a la mesa”, personas que podrían sentirse en la capacidad de ofrecer y entregar, por eso, más adelante Jesús dice a Judas: “Con un beso entregas al hijo del hombre”, hay quienes siguen siendo capaces de ofrecer treinta monedas de plata. Sin embargo el Señor dice: “Yo estoy en medio de ustedes como el que sirve, ustedes han perseverando conmigo en la prueba y les daré mí reino como mí Padre me lo entregó a mí. Les aseguro que se cumplirá esto escrito de mí: Fue contado entre los malhechores, porque se acerca el cumplimiento de lo que se ha dicho de mí”… Esta es la lógica de Dios, la del abajamiento, anonadamiento, del rebajamiento, de una humillación hasta las últimas consecuencias que aquellos pocos que conforman ese grupo poderoso no entienden ni creen.

El Señor manifiesta su humanidad, no tiene miedo de hacerlo y le pide al Padre: “Aparta de mí esta amarga prueba”, pero inmediatamente Cristo que quiere cumplir con exactitud la voluntad de Dios agrega “que no se haga mi voluntad sino la tuya”.

El Señor en dos ocasiones detiene el enojo de los discípulos cuando observan que está siendo traicionado, y en dos ocasiones Cristo va a dejar claramente sentado que su camino es el del triunfo pero montado en un burrito, un camino que los poderes de este mundo no conocen.

Lo arrestaron, se lo llevaron y empiezan a aparecer ahí algunos miembros siempre pocos de este grupo de poder, lo hicieron entrar en la casa del sumo sacerdotes, sí, era uno de ellos Anás, Caifás, al amanecer dice el evangelista, se reunió el consejo de los ancianos con los sumos sacerdotes y escribas, no son muchos siguen siendo pocos pero siguen pensando que ellos toman las decisiones por todos nosotros, siguen pensando que ellos son capaces de organizar y orquestar hasta el pensamiento nuestro y van con esa fuerza que creen tener y en la que mundanamente han puesto su confianza haciendo compadecer a Jesús ante el Sanedrín, ganando voluntades, van dictando órdenes y otros van cumpliéndolas, tienen que cumplirlas o están obligados a cumplirlas.

Continúa el evangelista narrando que el consejo de los ancianos, con los sumos sacerdotes y los escribas se levantó y llevó a Jesús ante Pilato diciéndole: “Hemos comprobado que este anda amotinando a la nación y oponiéndose que se pague tributo al César y diciendo que es Mesías y rey”, y aunque ellos no eran amigos del César, ni les importaba el César, si era por condenar a Jesús fueron capaces de hacerse amigos del César, vil mentira, Cristo no andaba amotinando a nadie, hay poderosos que incluso se sienten en la capacidad de olvidar lo que Cristo decía: “Den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, y ahora hasta decían la vil mentira que el Señor se oponía a que se pagará el tributo al César, vil mentira.

Pilato dijo: “No encuentro ninguna culpa en este hombre”, pero ellos insistieron en su mentira, Pilato preguntando si era Galileo y al enterarse que era de la jurisdicción de Herodes se lo envió y así como el Señor fue de Anás a Caifás, fue también de Herodes a Pilato, dice el texto que no encontraron culpa en él, Pilato tenía que dejar libre a un preso y ellos pidieron soltara a Barrabás, esta gente que iba conduciendo poco a poco a Cristo hacia la condena no conocía, no sabía nada de lo que es la dignidad de la persona, no les interesaba la dignidad de la persona, su costumbre no era hablar de la persona como centro y principal interés, sino cabalgar en la montura de sus caprichos y libertades para hacer lo que ellos han ordenado hacer.

Ellos gritaban: “Crucificale, Crucificale”, y las burlas continuaron: “A otros ha salvado, que se salve asimismo, si tú eres el Mesías Salvate a ti mismo”, un ladrón arrepentido si logró descubrir, decidirse, discernir quien era el crucificado, ese grupito que empezó a hundirlo cabalgando en su soberbia jamás descubrieron que estaban llevando a la Cruz al hijo de Dios, nunca descubrieron que estaban batallando contra Dios, en este hombre (el buen ladron) se cumple la oración de Cristo: “Padre te doy gracias porque has revelado estás cosas a los sabios y entendidos y revelado a los sencillos y humildes”, así estaba este hombre pues los sencillos y humildes si logran descubrir la grandeza de Dios vivo.

Esos, los que el mundo tiene como insignificante, como que no piensan, los que el mundo se atreve a decidir por ellos, son estos sencillos los que en la Cruz saben que Cristo es más que poderoso, y Cristo callado expiró, pero sabía él, ya sabía él Señor que la última palabra no la tendría la muerte, nunca la tiene, sabía el Señor que la última palabra como lo cantaremos el sábado en la vigilia pascual es preguntar: ¿Dónde está la muerte?, oh muerte ¿dónde está tu aguijón? si la tumba está vacía y vacía para siempre.

Muchas veces como Cristo hay que callar y este grupito habrá pensado que había logrado su objetivo, el Señor murió, pasaron tres días de silencio y resucitó. En la Cruz, y en la resurrección también sucedió nuestra resurrección, si me permiten decir, nuestra resurrección es que en la Cruz y en la tumba vacía Cristo devolvió a su pueblo la dignidad de ser hijos de Dios y de ser personas, en todo sentido Cristo nos devolvió la dignidad de ser hijos de Dios.

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