Diócesis de Matagalpa

Monseñor Rolando Alvarez en Montañas de Río Blanco

Más de dos horas desde la ciudad de Matagalpa recorrió el 14 de mayo monseñor Rolando Alvarez, Obispo de la Diócesis de Matagalpa, para encontrarse en la comunidad “Manseras”, ubicada en medio de las montañas del municipio de Río Blanco, con los fieles y cuadros pastorales de la parroquia Nuestra Señora del Carmen con quienes compartió, peregrinó bajo la lluvia y llegó a la capilla para presidir la Misa campal y dirigir por la tarde la “Asamblea Pastoral con el Obispo”, dinámica que durante este año se hace en cada parroquia.

En su mensaje basado en el Evangelio del día se refirió al amor del Padre por sus hijos, por lo tanto preguntó: “¿En el amor del Padre habrá división?”, A esto todos contestaron que no, agregando el Obispo que el amor del Padre es sin medida, incalculable, al punto que nadie con su imaginación puede acercarse a ese amor; es el amor del Padre y del Hijo lo que hizo que el mundo y nosotros fuéramos creados, lo que hizo que Cristo nos redimiera, fue y es el amor del Padre por el Hijo lo que hace que hoy por hoy nos mantengamos en pie a pesar de las enormes, graves y gravísimas dificultades que enfrentamos.

“Dice el Señor: Como el Padre me ama así los amo yo, esto me conmueve, me hace pensar, reflexionar y meditar que Cristo me ama como el Padre lo amó a él, pensar que a cada uno de ustedes con su nombre y rostro Cristo los ama exactamente como el Padre lo ama a él, gloria a Dios. Y nosotros nos preguntamos: ¿Quién soy yo, no me lo merezco? Sin embargo el Padre nos ama así, es un amor que no se puede contener ni en el cielo, ni en la tierra, ni en el infierno, es un amor así de grande porque Dios lo ha querido y porque nadie puede ir contra la voluntad de Dios que tiene poder y tiene gloria, nadie en el cielo, ni en la tierra puede contra ese amor, Tampoco en el infierno porque ya el infierno fue vencido por el Señor. Y saben, siempre he pensado que el momento de la muerte se da cuando la persona mira con los ojos de la fe y ve con amor, dicho de otra forma no es que después de morir se ve este amor porque ya en vida uno de pronto descubre este amor, entonces nada tiene que hacer en este mundo y entrega cuentas al Señor diciéndole: Llévame hacia ti Señor”.

“De ahí que cuando se cuestionen de la muerte de alguien, piensen que esa persona ya miró el amor que Dios le tiene y por eso ya entregó su vida para vivir en el amor a Dios, pero mientras llegue ese momento vivamos en ese amor que nos mantiene y renueva”.

En este punto sugirió a los fieles pedirle al Señor que nos renueve y empape de ese amor, y aunque muchos deseen hacerle daño a una persona, esa persona llena del amor de Dios no responde con mal porque ese mal choca contra el amor de Dios que le llena. Además el Prelado llamó a poner la atención en un segundo aspecto, el mandamiento del Señor: “Que se amen los unos a los otros como yo los he amado”, siendo esto un mandamiento, una necesidad amar al otro como Cristo nos amó, la medida del amor es Cristo que nos ha amado como el Padre nos ama, “es fuerte esto, es decir, el Señor quiere que nos amemos como el Padre lo ama a él, como él ama al Padre y como el Padre nos ha amado toda la vida, es fuerte esto, es un mandamiento poderoso, después del cual ya no hay nada más que esperar, el Señor nos lleva al extremo del amor, ¿Quién puede amar a alguien hasta el extremo de dar la vida por esa persona? ¿Quién puede amar a alguien si ese te ha hecho daño? Piensen en alguien que les ha hecho sufrir, piensen en esa persona o esas personas que les han hecho sufrir”.

“Hermanos en toda esta crisis que Nicaragua vive hace más de dos años pienso que el demonio está tentando al pueblo en dos cosas fundamentales, primero en que perdamos la esperanza, el ya no ver salida a las cosas y ¿porqué no perder la esperanza si los hombres nos han traicionado? Porque nosotros no tenemos puesta nuestra esperanza en fuerzas humanas sino en Cristo muerto y resucitado por nuestra salvación, por eso les he dicho que la Divina Misericordia es la que va a salvar a Nicaragua, por eso no perdemos la esperanza, por eso en la Diócesis hemos decretado el segundo domingo de cada mes como domingo de la Divina Misericordia. Igualmente como lo he dicho el Espíritu Santo renovará Nicaragua, si la Divina Misericordia la salvará el Espíritu Santo la renovará”, aseguró.

Aquí dijo que la segunda tentación que el maligno quiere sembrar en Nicaragua es el odio, el maligno quiere que el corazón del nicaragüense se llene de odio, le de cabida al odio, porque el pueblo lleno de odio se auto-destruye, porque el odio lleva a luchar para que la persona odiada desaparezca y un pueblo así se auto-destruye y no podemos dar cabida a eso. “En nombre de Dios se los suplico, no den paso al odio, no nos dejemos llevar por quienes destilan veneno, por eso hermanos al odio le respondemos con amor y el creyente no conoce otro camino, si alguien le ofende responde con amor, ante cualquier ataque respondemos con amor, con el amor de Dios, que no se diga de nosotros que respondimos a una ofensa con otra ofensa, que se diga de nosotros: Me sorprendió ese, no me respondió como yo lo traté”.

Aquí llamó a orar por quienes destilan odio, veneno y rencor en Nicaragua, a la vez indicó pedir en este día dos gracias al Señor: Sentirse amado como el Padre nos amó y “amarnos los unos a los otros como el Padre nos ha amado”.

Por: Manuel Antonio Obando Cortedano.

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