Diócesis de Matagalpa

Mons. Rolando Álvarez visita comunidad de Wanawuás

Con consignas, júbilo y alegría fieles de la comunidad Wanawuás a más de tres horas de la ciudad de Matagalpa, que eclesialmente pertenece a la parroquia Nuestra Señora del Carmen en Río Blanco, recibieron a monseñor Rolando Alvarez, que como es tradición les visita cada dos años y esta vez le correspondió el 14 de junio de 2019, para administrar el sacramento de la Confirmación a casi 90 jóvenes.

En su mensaje se refirió a la acción del Espíritu Santo en cuatro elementos fundamentales entre muchos: El Espíritu Santo nos conduce a la verdad, por lo tanto todos los creyentes deben aprenderse la invocación al Espíritu Santo, porque el Espíritu Santo garantiza estar en la verdad, creer en la verdad. “Y en una situación como la que vive Nicaragua es peligroso no estar en la verdad y confundirse ante tantas voces, por eso el Espíritu Santo garantiza conocer la voz de Dios. Esto es muy serio porque ninguno de nosotros puede confiar en sus habilidades, en sus destrezas, nadie puede dormirse, no se puede ceder y dice el apóstol Pedro: Estén atentos porque el diablo anda como león rugiente buscando a quien devorar”.

“Que triste hermanos caer en la confusión, en el engaño, que triste cuando una persona ha caído en la mentira y aunque la verdad brille ante sus ojos no la ve, entonces viene la confusión como pasó en Génesis capítulo 11 en la torre de Babel, donde aquellos terminan dividiéndose. La mentira la confusión conduce a la división, en cambio la verdad nos fortalece en la unidad, de ahí que debemos invocar al Espíritu Santo diariamente cuanto podamos, cuando nos levantamos, cuando rezamos el rosario, cuando visitamos a Jesús sacramentado, cuando vamos a rezar una novena, cuando vayamos caminando o cabalgando en el caballo, cuando la señora lava en la quebrada o el oficinista está en su centro de trabajo, invoque al Espíritu Santo para saber que caminan en la verdad, porque como dice la palabra: La verdad los hará libres”, indicó.

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Aquí dijo que la segunda obra del Espíritu Santo es renovar la tierra, renovar el mundo, porque el Espíritu Santo transforma los corazones, renueva los corazones, por eso en la Diócesis se dedica este año al Espíritu Santo junto al lema: “Renovados a la luz del Espíritu Santo”. En esto el Obispo explicó que ante las personas que se preguntan que si Nicaragua tiene esperanza, solución, que si en Nicaragua pueden suceder grandes cosas, la respuesta es invocar al Espíritu Santo para encontrar caminos que ayuden a salir de esta crisis fuerte que vive la nación, por lo tanto nadie puede tomarse esto a la ligera, porque se está jugando el país que se hereda a los niños y jóvenes, y hay que preguntarse: “¿Qué se le está dejando a los niños, a los jóvenes, a las futuras generaciones? No duden que si el Espíritu Santo renueva la faz de la tierra, renueva todas las cosas, renovará Nicaragua”.

A los jóvenes de Confirmación les recordó que si cada uno se toma enserio esto y empieza a invocar al Espíritu Santo, ese muchacho está haciendo una gran obra.

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Seguidamente explicó que la tercer obra es que el Espíritu Santo da la unidad como sucedió en Pentecostés que habían diversas culturas, y todos hablando en lenguas distintas escuchaban a los apóstoles en el mismo idioma, eso quiere asegurar que el Espíritu Santo da la unidad en la Iglesia, con el Papa, los Obispos, el párroco, la unidad entre todos, así cada quien desde el lugar donde esté debe ser constructor de la unidad de la Iglesia, una unidad que es indisoluble pero debe cada persona ayudar a construirla, y ante los conflictos comunitarios deben luchar por resolverse, porque la división es obra del demonio.

“La unidad en la Iglesia y por lo tanto de nuestra patria, porque esta no es hora de estarse peleando, de buscar cada quien su parte no es la hora de eso, unidos desde la diferencia, no es la hora de defender mi grupito, en Nicaragua debemos olvidarnos de los grupitos, es la hora de la unidad entre los nicaragüenses, y la unidad en torno a Nicaragua, pues esta es la tierra que nos vio nacer, es la tierra de todos, esta no es la hora de sacar las banderitas de cualquier color, esta es la hora en torno a Nicaragua, no es la hora de querer ser mejor, es la hora de la unidad entre los nicaragüenses en torno a la patria. Y hay que estar atentos porque puede haber alguno por ahí que quiera sacar provecho de la situación”.

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“Hermanos la solución no vendrá de grupos que se ven demasiado altos, vendrán de cuando la sociedad se ponga de acuerdo, ya basta que sean otros los que arreglen los problemas, los problemas debemos agregarlos todos juntos. ¿Porqué vamos esperar de brazos cruzados que otros arreglen los problemas? Cuando los que están en las comunidades, en la ciudad pueden ir trabajando, eso significa que el pueblo de Dios está vivo. Aquí no podemos estar de expectadores, no se valen los expectadores, cada quien es responsable del presente y futuro de la patria, trabajando en la verdad”.

Como cuarta obra del Divino Espíritu, explicó que el Espíritu Santo quita el miedo, “¿Cuántos nicaragüenses tienen miedo?”, preguntó. Añadiendo que aunque psicológicamente todos tengamos miedo, el Espíritu Santo con su poder rompe el miedo y así salimos adelante, pues una persona paralizada por miedo no puede salir adelante, está paralizada esperando que otros hablen, que otros solucionen los problemas.

“Hermanos una persona sin miedo es una persona libre, porque para ser libres nos liberó Cristo, cada quien lógicamente responde por su miedo, nadie puede responder por el miedo del otro. Esto es muy serio porque nos jugamos el presente y futuro no sólo nuestro sino de los niños, de las futuras generaciones, porque pienso todos queremos entregar a las futuras generaciones un mejor país, esta es la hora de trabajar por eso y aunque los vientos parecieran contrarios no importa, porque nosotros somos hombres y mujeres de fe que ponen su confianza únicamente en Dios y no en fuerzas humanas, ponemos nuestra esperanza en el poder del Espíritu Santo”, finalizó.

Fue acompañado por Fray Manuel Chávez, párroco de Nuestra Señora del Carmen y por los padres: Reynaldo Paz y Bayardo Zeledón de la parroquia San Francisco de Asís, además de dos diáconos.

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