Diócesis de Matagalpa

Reflexiones de Mons. Rolando Alvarez para la semana:

El Evangelio del recién pasado domingo comienza presentando una pregunta que hasta cierto punto es existencial, normal a la naturaleza humana, que vuelve su mirada a la cantidad de los que se salvarán, una pregunta cuantitativa: “¿Es verdad que son pocos los que se salvan?” podríamos traducir en ¿cuánta gente se salvará? Los textos del Evangelio nos dan la repuesta y recuerden cuantas veces el Señor dijo: “Yo no he venido a condenar al mundo, sino a que el mundo se salve, no he venido a condenar a la oveja perdida… No he venido por los justos sino por los pecadores”… En fin tantas expresiones del Señor que nos indican que la voluntad de Dios es que todos nos salvemos.
El Señor es un Señor salvífico, que en la Cruz muriendo por nosotros quiere reunir a sus hijos dispersos por el pecado en un sólo pueblo porque uno sólo es el pastor. La voluntad original del Señor es que todos nos salvemos, devolverle al Padre a sus hijos, el Señor quiere salvar a su pueblo, es el Salvador y redentor de la humanidad, su salvación es ofrecida gratuitamente a todo hombre y a toda mujer. Aquí también el Señor da la respuesta a la pregunta cuantitativa de ¿cuántos se salvarán? y responde cualitativamente no en números sino en calidad diciendo: “Esfuércense por entrar por la puerta que es angosta”. Ahí está la clave entrar por la puerta angosta ofrecida gratuitamente a todos sin exclusión.
El papa Francisco dice que la puerta angosta no es porque sea exclusiva sino que al entrar nuestro corazón por la puerta angosta se le restringe la entrada a nuestros egoísmos, al orgullos y miedo, yo agregaría, a la soberbia, la vanidad, porque estos son pecados que buscan una finalidad y es que al encontrar lugar en la puerta que debe ser angosta en nuestro corazón, se posesionan del lugar que únicamente le puede pertenecer a Dios y ahí está el juego del demonio. Son pecados que están en la puerta del corazón y una vez dentro llegan a posesionarse del lugar de Dios desplazándolo a un segundo y tercer puesto en la vida y corazón, y lo peor sería expulsarlo de nuestra vida, es ahí donde viene la condenación del hombre.
Amados: Debemos estar atentos para que estos pecados no entren en la vida de nosotros, porque estos pecados buscan la idolatría, buscan convertirse en los dioses falsos, estas son las idolatrías en la que ningún ser humano debe caer, por eso debemos estar atentos y vigilantes, por eso me impactaba la oración colecta de esta Eucaristía: Señor que en medio de la inestabilidad del mundo, nuestro corazón esté firmemente anclado en ti que eres la garantía de la verdadera felicidad.
“Anclados únicamente en Cristo”, entonces me venía a la memoria más que el poema la oración de Santa Teresa de Jesús, y pienso amadísimos que recorriendo el camino de la puerta angosta donde no debemos dar lugar a la prepotencia sino permitiendo al amor y humildad que se coloquen en nuestro interior para que sea Cristo el que reine, el ideal sería entonces decir como la santa: “No me mueve, mi Dios, para quererte el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temidopara dejar por eso de ofenderte. Tú me mueves, Señor, muéveme el verte clavado en una cruz y escarnecido, muéveme ver tu cuerpo tan herido, muévenme tus afrentas y tu muerte. Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, que aunque no hubiera cielo, yo te amara, y aunque no hubiera infierno, te temiera”.

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