Diócesis de Matagalpa

Monseñor Rolando Alvarez, preside solemnidad de todos los santos

Un llamado a pedir al Señor la gracia de la pureza, la conversión y la santidad, hizo monseñor Rolando Alvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, al presidir el 1ero de noviembre, la santa Misa en la solemnidad de todos los Santos y acción de gracias por los tres años de presencia en la Diócesis, de la congregación Hermanas de la Cruz del Sagrado Corazón, religiosas que tienen un corazón sacerdotal, al pasar día y noche en contemplación a Jesús sacramentado suplicando por los sacerdotes, la Iglesia y el mundo entero.

En su homilía el prelado hizo un recorrido por la visita pastoral que el 31 de octubre realizó a la parroquia Nuestra Señora de Lourdes en La Dalia celebrando 25 años de fundación, donde como en muchos lugares fue recibido con amor y cariño por la feligresía, en su mayoría campesinos: “He pensando como el pueblo me admira, a veces más de lo normal y en eso experimento el amor de Dios, es más, esta mañana que estaba meditando y orando llegué a pensar que el amor de Dios uno lo experimenta en el amor del pueblo, de aquel que con amor eterno nos ha amado, y es que el pueblo santo de Dios con sus muestras de amor inmenso y en su sencillez es palabra de Dios, y a ese pueblo, Dios le da permiso y autoridad de hacer suyas las palabras del Padre, de tal manera que he descubierto que no sólo Dios me puede decir te he amado sino que en el corazón de las Bienaventuranzas también el pueblo de Dios dice sin metáforas y sin comparaciones que es Dios que le ha dado esa gracia al pueblo de hacerlo y cumplir su palabra: Con amor eterno te amaré”, aseguró monseñor Alvarez durante la homilía.

Agregando que tanto en la procesión de entrada y de salida la gente le testimoniaba su oración, “una persona me dijo nosotros desde aquí lo cuidamos y como no a través de la oración, otro me dijo: Yo rezo a las tres de la mañana el Rosario por usted, otro campesino me dijo: Yo siempre rezo dos Rosarios por usted, una señora con un niño en brazos se subió al altar a compartirme que siempre ora y su primera oración es por la Iglesia, en fin… Hay otras que son maravillosas que siempre se terminan guardando en el corazón”.

“Entonces pensé: ¿Si aquí no están los santos dónde están? Por eso desde ayer estoy celebrando el día de los Santos, los santos son ustedes ese pueblo de Dios sencillo, maravilloso que con su oración nos sostienen, son auténticos custodios de la vida, son Ángeles en una oración permanente que sube al cielo como una ofrenda. Siempre he pensado que hay tres oraciones que el Señor escucha de tres tipos de personas: La madre, el enfermo y el niño, son tres personas que tienen el corazón puro de ofrecer su oración por el ser amado, si esos no son los santos en esta tierra ¿dónde podría encontrarlos?”.

“Celebrar el día de los santos es celebrar la santidad de pureza del corazón, es celebrar la santidad de todos los campesinos, es celebrar la pureza de corazón, es celebrar la pureza de lo que nos aman, es celebrar la pureza de la familia porque nos unimos al cántico del que nos habla el profeta Isaías porque recuerda le llaman al Señor: Santo, santo, santo. No me refiero a los santos elevados al altar por la Iglesia sino a esta muchedumbre de la que nos habla el Apocalipsis en la primera lectura, que son nuestros familiares, nuestros amigos y conocidos que ya se adelantaron al cielo y en esa comunión de santidad se unen aquellos hermano que purgando alguna falta cometida se encuentran camino al cielo”.

“Por eso no tengamos miedo de pedirle al Señor la conversión y la santidad, y aunque seamos pecadores no le tengamos miedo de pedir la conversión y la santidad, porque el que va en camino de conversión va en camino de santidad. Cuando una persona ha logrado la pureza de corazón ya está indudablemente en el camino de conversión y la santidad, y para ayudarnos en ese camino están las Bienaventuranzas, vale la pena meditarlas como letanías y meditarlas en la vida: ¿Soy pobre de espíritu? ¿Soy de los que lloran o están sastifechos, muy sastifechos, que ni si quiera tienen que llorar? El papa Francisco dice que el camino de las Bienaventuranzas es muy contrario al camino del mundo, entonces siguiendo adelante hay que preguntar: ¿Soy yo de los que sufren? ¿Soy yo de los que tienen hambre, sed de justicia o ya me siento saciado? ¿Soy de los misericordiosos o de los inmisericordes? ¿Soy de los que trabajan por la paz o hacen la guerra? ¿Soy de los misericordiosos de corazón o de los que lo tienen nublado? ¿Soy de los perseguidos por causa de la justicia o protegido por los poderosos?”.

“En este camino y en este día yo les diría hermanos que si hay una gracia que debemos pedir al Señor es la pureza de vida y de corazón, y si le pedimos al Señor esa gracia con rectitud de corazón y transparencia el Señor la va a conceder y la concederá por ser el día de todos los santos. Agradecemos al Señor por habernos llamado a este camino de pureza y santidad”, finalizó.

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