Diócesis de Matagalpa

Reflexiones de monseñor Rolando Alvarez para la semana:

Adviento significa venida, los padres de la Iglesia a través de la historia hablaron de tres tipos de Advientos: El Adviento histórico que fue la venida del hijo de Dios vivo que se hizo carne en el vientre purísimo, santísimo y sacratísimo de la Virgen María, La Inmaculada, Dios se hizo carne como cualquiera de nosotros. El segundo Adviento es el místico, el misterioso en que nos vamos encontrando todos los días de nuestra vida con el Señor, nos encontramos con él en su palabra, en los sacramentos, en la comunidad, en la caridad, en el encuentro con los hermanos a quien miramos a los ojos sin miedo, sin humillarnos, sin vernos como extraños y comunicándonos lo más serio de la vida para que ahí nazca una realidad divina.

El tercer Adviento es escatológico puede ocurrir en cualquier momento, ocurre en la muerte cuando el Señor nos llama a rendirle cuentas como justo juez que es, de tal manera que ese Adviento no es sólo cuando el universo entero llegue a la gloria divina sino que ocurre en el juicio personal cuando cada quien vaya a dar cuentas al Señor. Es precisamente estar preparados a esa segunda venida la que no sabemos cuándo será, por eso debemos estar esperando día a día el encuentro del Señor porque dice San Lucas en el texto del primer domingo de Adviento: “De dos hombre que encontrará a uno se llevará y otro quedará, de dos mujeres que estén moliendo trigo a una se llevará y la otra se quedará”, por eso invita a velar y estar preparados porque no saben que día les tocará el encuentro, porque no saben que día les tocará presentarse ante el justo y misericordioso Señor.

San Juan de la Cruz dice que al final de la vida, al atardecer de la vida seremos juzgados por el amor, el amor es lo que no pasará, la fe pasará, porque ya estaremos de cara a él, la esperanza pasará porque ya lo tendremos a él, pero el amor no pasará porque del amor viviremos y en el amor hemos de vivir todos los días de la vida, en el amor hemos de encontrarnos todos los días de nuestra existencia.

 La única fuerza invencible que conocemos es el amor, la única fuerza que se nos ha dado y manifestado en las escrituras es el amor, no tenemos mayor fuerza, el amor es la única fuerza en la cual confiamos. Es triste, lamentable y preocupante que mientras los cristianos iniciamos este camino de preparación a la venida del Señor y escuchamos a Cristo que nos invita a velar y estar preparados se nos estén dando en Nicaragua discursos que cada día pareciera van subiendo más de tono como si se quisiera incitar al pueblo a la violencia, no cedamos a la violencia, la violencia no será el camino para solucionar problemas, la violencia genera problemas, círculos de venganza, genera que veamos al otro no como hermano sino como enemigo, no cedamos a la seducción del odio, no es esa la solución, nunca lo ha sido ni lo será, la violencia engendra más miedo y muerte.

 Los nicaragüenses tenemos que seguir apostando por el amor, por una postura de civismo, por la no violencia activa y la lucha de la defensa de los derechos humanos, es la solución a la crisis y problemas que enfrenta la nación, tener visión de país y de nación para heredar a las futuras generaciones un país en paz, justicia y libertad.  Iniciemos este camino del Adviento preparándolo con la fuerza invencible del amor y digamos como San Pablo: “Comportémonos reconociendo el momento en que vivimos, pues ya es hora de despertar del sueño, porque ahora la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada, el día está cerca: dejemos, pues, las obras de las tinieblas y revistámonos de las obras de la luz”.

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