Diócesis de Matagalpa

Envío Misionero en la parroquia de San Ramón

“El evangelizador debe escuchar la voz de Dios, es un hombre o una mujer que busca, cumple y descubre la voluntad de Dios para hablar palabra divina”, dijo monseñor Rolando Alvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, al presidir la santa Misa de envío misionero a cuadros pastorales de la parroquia San Ramón, el viernes 17 de enero.

De esta forma los centenares de fieles junto a su párroco monseñor Isidoro Mora, iniciarán a misionar en los barrios y comunidades rurales de la parroquia de la mano de las Sagradas Escrituras y el Devocional propuesto por la Diócesis para este año que cada mes es dedicado a un santo particular con una intención especial.

Durante la homilía el Obispo recordó que grandes milagros como el del paralítico que narra el texto del día suceden cuando se es obediente a la voz del Señor y a sus profetas, porque la obediencia trae salvación y la desobediencia trae perdición. De ahí que un evangelizador debe escuchar la voz de Dios, es un hombre que busca, cumple y descubre la voluntad del Señor, ser hombre y mujer obediente a la palabra de Dios.

“Por eso están aquí ustedes bajo lluvia, saliendo de mañanita y de madrugada de sus comunidades, porque escucharon la voz del señor para ser enviados a evangelizar, porque se tomaron enserio la voz del Señor, porque están convencidos que Dios está vivo, que Dios los está llamando y que Dios los enviará y se tomaron enserio ese llamado y ese envío. Después de obedecer sólo a Dios, únicamente a Dios y a él antes de cualquier persona nosotros a la hora de ir a evangelizar no tenemos otra cosa más que hablar de la palabra del Señor. Por eso la gente seguía al Señor porque él hablaba palabra divina y ustedes deben hablar palabra divina, por eso es importante escuchar y obedecer a Dios para poder hablar palabra de Dios”.

“No hay manera que un pueblo no esté atento, no atienda a un evangelizador cuando ese hombre o mujer habla palabra de Dios, habla la voluntad de Dios, y si la gente no escucha, las piedras se estremecen. Si ustedes obedecen al Señor ya pueden estar seguros que hablarán palabra divina, palabra de Dios, ahí está el secreto, ya el resto lo hará el Señor, porque cuando el pueblo alaba a Dios suceden cosas maravillosas… Hablarán palabras divinas y aunque la gente no les escuche las piedras se estremecerán”, mencionó.

En este punto recordó que el que hace las maravillas es el Señor, “y ustedes de aquí se irán llenos del poder de Dios, primero porque vinieron a escuchar palabra de Dios, segundo porque si la vinieron a escuchar están dispuestos a obedecer, y tercero porque habiendo escuchado su palabra y habiendo estado dispuesto a hacer su voluntad serán enviados del Señor a través de la Iglesia. Por eso deben estar seguros que van revestidos del poder divino para hablar palabra de Dios, para decir no lo que nosotros queremos sino lo que el Señor quiere decir y entonces suceden cosas maravillosas”.

“Esto el mundo no lo sabe ni lo comprende, como va a comprender el mundo que ustedes, centenares de fieles salieron de sus casas esta madrugada con su propio dinero, regresando en la tarde a almorzar con sus frijoles guardados o sus tortillas, porque aquí nadie les paga: ¿Alguien les paga por estar aquí? ¿Alguien les da un cheque por estar aquí? ¿Alguien les prometió un terreno por evangelizar?” No, contestaron a una sola voz, “cuando el pueblo alaba a Dios y obedece a Dios suceden cosas maravillosas”, subrayó monseñor Alvarez.

“Este pueblo de Dios tiene y va a seguir obedeciendo al Señor y verá cosas maravillosas. Hermanos no olviden que aquí nadie tiene que quedarse sin ser evangelizado, deben ir a todos los hogares, si alguien no quiere escuchar ya no es asunto nuestro pero ustedes vayan a todos lados. Si ustedes llegan a un lugar, van caminando por un camino, calle o quebrada y alguien les pide orar por él, ustedes inmediatamente tienen que ponerse a orar y en el nombre de Jesucristo invocar sobre aquella persona el poder sanador, liberador y redentor, y el Señor hermanos hará maravillas. Aquí no hay miedo, el Señor seguirá sanando y curando a las multitudes, a los hombres, mujeres y a las familias por los siglos de los siglos, amén”, concluyó.

Por: Manuel Antonio Obando Cortedano.

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