Diócesis de Matagalpa

Mensaje para 51ª. Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones 11 de mayo de 2014

El obispo de la diócesis de Matagalpa ha emitido un mensaje en ocasión de la semana vocacional a continuación la diócesis de Matagalpa comparte el mensaje del prelado matagalpense. 

“Las vocaciones sacerdotales nacen de familias transmisoras de la fe cristiana”

En el IV Domingo de Pascua celebramos la fiesta del Buen Pastor, que S.S. Pablo VI designó para orar por las vocaciones a la vida consagrada, con el institución de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones.

El Papa Pablo VI, considerando la inmensa cantidad de hombres y mujeres en el mundo que aún no han recibido el mensaje de salvación que ofrece el Evangelio, agobiados por el vacío de una existencia sin sentido, experimentó la misma impresión que sintió Jesús en su tiempo: “Viendo a la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas sin pastor. Entonces dice a sus discípulos: ‘La cosecha es mucha, pero los obreros son pocos; rogad, pues, al Señor de la cosecha que envíe obreros a su cosecha'” (Mt 9,36-38). 

En este Año Jubilar Misionero que vive nuestra Diócesis, rogamos al Señor por las familias católicas, porque es en ellas donde se transmite la fe a las siguientes generaciones, y donde surgen las vocaciones sacerdotales y religiosas.

Cada hijo es un regalo de Dios para los padres, a ellos se les encomienda su cuidado material y también su formación espiritual, guiándolos con vistas a alcanzar la vida eterna. La fe es la mejor herencia que pueden dejar los padres a los hijos, el mejor legado que se les puede transmitir; más aún, es lo único verdaderamente importante, pues “de que le sirve al hombre ganar el mundo entero si se pierde la vida eterna” (cf. Mt 16, 26). La fe es lo que da sentido pleno a la existencia. 

La fe es por naturaleza un acto libre, que no se puede imponer, creer es un don que hunde sus raíces en el misterio de la gracia de Dios y la libre correspondencia humana. Por eso, es fundamental que los padres católicos recen por sus hijos, pidiendo que la semilla de la fe que están sembrando en ellos fructifique; así, el Espíritu Santo se servirá de esa oración para hacer surgir en el seno de las familias cristianas, vocaciones diversas para el bien de la Iglesia y de la comunidad humana.

San Juan Pablo II expresó: “Estad abiertos a las vocaciones que surjan entre vosotros. Orad para que, como señal de su amor especial, el Señor se digne llamar a uno o más miembros de vuestras familias a servirle. Vivid vuestra fe con una alegría y un fervor que sean capaces de alentar dichas vocaciones. Sed generosos cuando vuestro hijo o vuestra hija, vuestro hermano o vuestra hermana decidan seguir a Cristo por este camino especial. Dejad que su vocación vaya creciendo y fortaleciéndose. Prestad todo vuestro apoyo a una elección hecha con libertad” (Homilía, 25-II-1981).

El seguimiento de Jesucristo en la vida consagrada puede significar para los padres el cambio de planes y proyectos muy queridos. Pero esto no es un simple contratiempo, ese cambio de planes, esa entrega de los proyectos que se tienen para el hijo o la hija, son parte de la maravillosa vocación a la maternidad y a la paternidad. Hasta podría asegurarse que la llamada divina es doble: la del hijo que se da, y la de los padres que lo dan; y a veces, puede ser mayor el mérito de los progenitores, elegidos por Dios para entregar lo que más quieren, y hacerlo con alegría.

Las decisiones de consagrarse a Dios podría decirse son como el culmen de una educación cristiana en el seno de una familia católica. La familia se convierte así, gracias al esfuerzo de los padres, en una verdadera Iglesia doméstica (cf. Lumen Gentium, n. 11), donde el Espíritu Santo promueve sus carismas. De esta forma, la tarea educadora de los padres trasciende la felicidad de los hijos, y llega a ser fuente de vida divina en ambientes diversos donde hasta entonces no se conocía a Jesucristo.

Celebramos la fiesta del Buen Pastor y nuestro Señor Jesucristo el gran Pastor, quiere que haya muchos obreros que participen de su misión pastoral. Quedan aún muchas ovejas que tienen que escuchar su voz y ser agregadas al único rebaño. Para esta inmensa tarea, que Cristo resucitado confió a sus apóstoles y a sus sucesores, hacen falta muchos operarios, muchos pastores; hacen falta muchos sacerdotes, que ejerzan la triple función del pastor: instruir, santificar y regir a la porción del pueblo de Dios que les sea confiada. 

El Señor nunca encarga una misión sin dar los medios para llevarla a cabo; y así, los padres, en el seno de la familia, juegan un papel fundamental para transmitir la fe cristiana, y si Dios lo desea, cuidando con especial atención las vocaciones a la vida consagrada que en ella surjan.

Rogamos pues al Señor de la cosecha, que bendiga a nuestra Diócesis, santificando a las familias católicas matagalpenses, y haciendo surgir en ellas, abundantes, buenas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas para extender su reinado de amor, vida y santidad.

Con cariño de Pastor,

+ Rolando José Alvarez L.
Obispo

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