Diócesis de Matagalpa

Boletín mensual de la Vida Consagrada en la Diócesis de Matagalpa No. 5 (Agosto 2015)

                                   El testimonio de la vida consagrada ilumina el “más allá”

                                     Por P. Gregorio Wierzba, CFR

En cierta ocasión comprendí, cuánto le desagrada a Dios la acción, aunque sea la más laudable, sin el sello de la intención pura; tales acciones incitan a Dios más bien al castigo que a la recompensa. Que en nuestra vida las haya lo menos posible, mientras en la vida religiosa no deberían existir en absoluto”. Así escribe Santa Faustina Kowalska en su Diario (n. 484). Sus palabras son una luz que ilumina el sentido de toda la vida humana que debería ser una vida desgastada para la gloria de Dios y la salvación de todas las personas. Una vida alimentada con intenciones rectas que tienen por su objeto a Dios, y sostenidas por el deseo de que Él sea conocido, amado y servido como el Dios de Amor. La vida religiosa debe ser un ejemplo perfecto de esta búsqueda de perfección en el amor que a Dios se lo entrega todo, no solo sus acciones sino las más pequeñas intenciones que las inspiran. Esta búsqueda requiere una constante fidelidad de las personas consagradas a su propia vocación.

El Papa Benedicto XVI, el año 2010, durante su viaje apostólico a Portugal habló con su acostumbrada profundidad es esta fidelidad. En la Iglesia de la Santísima Trinidad en Fátima, el 12 de mayo, a los sacerdotes, religiosos, seminaristas y diáconos les dirigió estas palabras: “Permitidme que les abra mi corazón para decirles que la principal preocupación de cada cristiano, especialmente de la persona consagrada y del ministro del Altar, debe ser la fidelidad, la lealtad a la propia vocación, como discípulo que quiere seguir al Señor. La fidelidad a lo largo del tiempo es el nombre del amor; de un amor coherente, verdadero y profundo a Cristo Sacerdote… Esta vida de especial consagración nació como memoria evangélica para el pueblo de Dios, memoria que manifiesta, certifica y anuncia a toda la Iglesia la radicalidad evangélica y la venida del Reino. Por lo tanto, queridos consagrados y consagradas, con vuestra dedicación a la oración, a la ascesis, al progreso en la vida espiritual, a la acción apostólica y a la misión, tended a la Jerusalén celeste, anticipad la Iglesia escatológica, firme en la posesión y en la contemplación amorosa del Dios Amor. Este testimonio es muy necesario en el momento presente. Muchos de nuestros hermanos viven como si no existiese el más allá, sin preocuparse de la propia salvación eterna”.

Las palabras de Benedicto XVI pronunciadas en Fátima adquieren hoy un significado aún más profundo si las leemos en el contexto de las apariciones de Nuestra Señora a los tres pastorcitos, Lucía, Francisco y Jacinta en el año 1917. Estas apariciones han sido un don para toda la humanidad para despertarla de su sueño y recordarle la urgencia de la oración y penitencia para la salvación de los pobres pecadores (que somos nosotros también). Hoy como ayer los que tienen que despertar el mundo de su sueño de materialismo y superficialidad son las personas consagradas, verdaderos centinelas del eterno. Su dedicación “a la oración, a la ascesis, al progreso en la vida, a la acción apostólica y a la misión” es un testimonio que hoy se busca y pide para que no se pierda en la humanidad el sentido verdadero de la vida.

 Dentro de dos años vamos a celebrar el centenario de las apariciones de Fátima. ¿Cómo lo vamos a festejar? ¿Queremos despertar al mundo de su sueño con nuestro testimonio de vida?

En todo el mundo, el número de los que se preocupan de varias cosas aumenta constantemente. Sin embargo, ¿cuántos son los que se preocupan de la propia salvación eterna? Todos nosotros, sacerdotes, fieles laicos, y los consagrados y las consagradas, estamos llamados a vivir esta sublime llamada al cielo, que no es otra cosa que una llamada a la santidad. Con nuestro testimonio de vida queremos atraer a otros a esta única meta de la vida humana. “El testimonio que realmente puede atraer a los demás es él asociado con la actitudes que no son comunes: generosidad, desapego, sacrificio, olvido de uno mismo para cuidar de los demás… Éste es el testimonio, el martirio de la vida religiosa” (El Papa Francisco). Este testimonio ilumina y ayuda a alcanzar “el más allá”, la salvación eterna.

El día 11 de agosto nuestras Hermanas Clarisas en la Ciudad Darío celebran la solemnidad de Santa Clara. Con su vida de total dedicación al Señor en su Iglesia, ellas son para nosotros ejemplos de madres que, fieles a su vocación de esposas de Jesucristo y víctimas de amor para la salvación de las almas, nos ayudan también a nosotros a ser fieles a nuestras vocaciones. Ellas nos recuerdan que, aunque vivimos en esta tierra, somos llamados a las alturas del cielo, “al más allá”. Publicamos aquí una reflexión de una de estas Hermanas que nos quiere ayudar a penetrar mejor en el misterio de está vida tan lindamente desgastada en el servicio de Dios y de los hermanos. ¡Gracias, Hermanas, por la fidelidad a su vocación!

 

  Dios y solo Dios es el origen de nuestra vocación divina y por eso en expresión densa y feliz, una hermana pobre de Santa Clara, desde el silencio orante del claustro se dedica solo a Dios para consumirse con amor esponsal en “ZARZA ARDIENTE” ante el trono del Dios vivo, del Dios escondido en el misterio eucarístico. Allí cautiva del divino amante, abraza con corazón materno a toda la humanidad que sufre, que gime, que llora y desde su vida de incesante oración y penitencia implora, “desde la salida del sol hasta su ocaso”, la divina bondad y misericordia infinita del buen Dios. Una hermana clarisa es la que ama siempre. Es la que místicamente esta siempre cerca de cada corazón abatido y de cada misionero de pies cansado por el anuncio gozoso del evangelio, para donar a manos llenas el suave bálsamo de su oración, el nardo puro del sacrificio y el vaso de agua fresca de una palabra llena de esperanza y visión sobrenatural.

Desde que el gran amador de los hombres: ¡Dios! extrajo de los secretos tesoros de su misericordia nuevas formas de vida religiosa e hizo sentir el susurro de su voz dulcísima a nuestros Seráficos Padres: Francisco y Clara y les invitó a “reparar su Iglesia”, innumerables vírgenes a lo largo de los siglos siguen al cordero de Dios, inmolándose por la salvación del mundo, dando silenciosamente y amorosamente la vida para que otros tengan vida y la tengan en abundancia.

El buen Dios en breve tiempo multiplicó la minúscula semilla de mostaza de la vocación FRANCIS-CLARIANA y ese solido árbol que tiene sus raíces profundas en la Porciúncula, en el pequeño y cálido Asís, extendió sus frondosas ramas hasta este precioso rincón del mundo, nuestra Nicaragua y en especial en ciudad Darío.

Transcurría el año de 1977, cuando 4 jóvenes clarisas procedentes del protomonasterio de Santa Clara en Asís, Italia, se lanzaron valientemente a la más grande aventura misionera y después de 32 días de navegación y peripecias marítimas, desafiaron y cruzaron felizmente el inmenso océano y llegaron a esta tierra santa, un soleado día 3 de noviembre de 1977.

 Así, como en otrora, muchas doncellas siguieron el ejemplo de la santa conducta y virtuosísima vida de la seráfica Madre Santa Clara, también aquí el Señor en poquísimo tiempo nos multiplicó y sigue multiplicándonos. Así por su sola gracia, hemos realizado 4 fundaciones; este santo claustro y divino palomar ha abierto sus puertas para abrir nuevos sagrarios, nuevos santuarios, en Honduras, Costa Rica, Managua y Chinandega. En esto contemplamos el gran poder y fecundidad de una vida orante y oculta en Dios, pues humanamente no tenemos ninguna promoción vocacional, nuestro gran promotor es el Espíritu Santo y Él las trae como poderoso imán, eligiendo tanto a las más brillantes profesionales como también a las más sencillas y encantadoras campesinas. Este divino Maestro se encarga de transformar sus vidas en hostias vivas agradables al Padre y en un obsequio de amor en su presencia.

Además  de dedicarnos solo a DIOS y a convertir nuestra vida en un holocausto de amor y en una alabanza perenne, también como hermanas pobres, vivimos sobre todo del milagro de la Divina Providencia y del trabajo de nuestras manos, el cual está todo orientado y relacionado con el culto divino: la confección de las hostias, ornamentos sagrados, rosarios y velas. Nuestra vocación es bella, porque es sencilla. Toda nuestra jornada transcurre en la sencillez de una campana que melodiosamente nos llama, unas veces al coro, a la adoración, otras al trabajo manual, al trabajo del campo, a la lectura espiritual, a los bellos momentos de compartir fraterno: formación espiritual, revisión de vida, lectio divina, recreo, juego de pelota y otras veces nos llama dulcemente al descanso de nuestros pobres miembros fatigados, algunas veces por el cansancio del trabajo, otros por los días fuertes de ayuno y de vigilias nocturnas.

El buen Jesús revelaba a una clarisa: “te hice clarisa para que aun de noche rezaras”. Por eso tradicionalmente en el corazón de la medianoche, mientras muchos duermen, sufren, pecan y ofenden gravemente al Señor, dejamos nuestro duro lecho para hacer resonar en el sagrado silencio nocturno las divinas alabanzas y la suplica ferviente por la conversión de los pecadores. La oración nocturna, los maitines a como le llamamos, no es siempre fácil, también a veces nuestros ojos se sienten adormilados, pero el delicado sonido del órgano y el fervor y buen ejemplo de las Vírgenes prudentes, despiertan la divina unción en las más frágiles, según el cuerpo, pues llevamos este tesoro de nuestra santa y encantadora vocación en fragilísimos vasos de barro.

Aprovechamos esta oportunidad para decirte a ti jovencita que tienes un corazón grande capaz de amar sin medida que sacrifiques una gota de amor terrenal y Jesús, el esposo del más noble linaje, te dará mares de amor celestial. Dichoso y feliz será el instante en el que escuchando la voz del Amado y dejando la casa paterna vengas a vivir todos los días de tu vida en los atrios del Señor. ¡Ánimo, se valiente, pues el Rey del cielo está prendado de tu belleza! ¡Cristo te llama, Cristo te espera, Cristo te necesita! Si sientes en tu corazón el deseo de servir al Señor en una vida radical, no temas. En la vida contemplativa claustral puedes realizarlo como Hermana Pobre de Santa Clara. ¡Dios es bello y es dulce amarlo! Te dejo en tu alma estas deliciosas palabras de nuestra madre Santa Clara: “el amor de Cristo te hace feliz, su contemplación conforta, su bondad colma y su recuerdo brilla dulcemente en la memoria”.

También nos acogemos a sus plegarias para que nuestros brazos alzados y a veces cansados por el combate espiritual, no desfallezcan y así podamos guardar virginalmente el fuego de Pentecostés y de nuestro carisma seráfico. Que con nuestra vida transfigurada a ejemplo de Jesús y de su pobrecilla Madre, seamos un reflejo de la divina belleza, que es DIOS y los hombres puedan descubrir a través de nosotras el atractivo y nostalgia de la inefable e infinita belleza del Creador y Padre nuestro.

En alabanza de Cristo. Sus Hermanas Clarisas.

(Dirección: Frente al estadio Mons. Carlos Sancti… Ciudad Darío. Teléfono: 2776-4056; Celular:  86034502.)

 

 

Comments

0 thoughts on “Boletín mensual de la Vida Consagrada en la Diócesis de Matagalpa No. 5 (Agosto 2015)”

Write a Reply or Comment

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>