Diócesis de Matagalpa

Senderos de la vida consagrada, Septiembre 2015

Boletín mensual de la Vida Consagrada en la Diócesis de Matagalpa No. 6 (Septiembre 2015)

El Año de la Vida Consagrada avanza siempre más. Es un año de tantas gracias especiales que el Cielo derrama sobre toda la Iglesia y no solamente sobre las personas consagradas. Al mismo tiempo, es un año que nos responsabiliza aún más del don que hemos recibido. De cómo nosotros consagrados y consagradas respondemos a nuestra vocación depende la felicidad de muchos otros y hasta su propia salvación.

A este punto me gustaría presentarles una persona que de la vida consagrada al Señor había hecho toda su vida: vivía sólo para Él y así se había convertido en una  amiga de todos nosotros. Llegó a ser santa. Se trata de la beata Sor Maryam de Belén. Nació en el año 1846 a Ebeline, una media hora de Nazaret en Galilea. Murió el año 1878. Unos cien años después (1983), Juan Pablo II la proclamó beata. Maryam era una religiosa Carmelita. Llena de amor hacia todos. Jamás descontenta, siempre feliz, pasó por varias pruebas en su vida de fe. Todas sus victorias las debía a su obediencia ciega e incondicional al Señor que le revelaba su voluntad por medio de sus superioras. Maryam tuvo que enfrentarse mucho con Satanás y los demás demonios que, obligados por Dios, revelaban a ella sus tácticas con las cuales seducían a las personas, especialmente a las personas consagradas. Durante una prueba durísima de 40 días en los cuales nuestra Maryam pasaba por las tentaciones muy crueles, Satanás tuvo que confesarle de haber seducido una cierta religiosa en Inglaterra. Su táctica fue muy sencilla. Dijo: “Cuando asediamos un alma consagrada a Dios, empezamos a tentarla en cosas pequeñas. Hemos logrado a convencer la religiosa de que ella no era amada por su superiora, como las demás hermanas. Así ella empezó a tenerles envidia… y al final su deseo fue el de salirse de la orden… ¡Cuántas almas arrastramos en nuestra red poniendo en sus mentes de ser ellas inútiles, de no ser amadas! Otras almas las agarramos por el deseo de querer verlo todo, entenderlo todo”. Luego Satanás dijo también estas palabras muy sugestivas: “Triunfar sobre un alma que ha pronunciado las tres palabras malas (los tres votos) es para nosotros mucho más importante que ser dueños de una ciudad entera”. Aquí vemos porque el enemigo de Jesucristo tanto interés tiene en seducir y destruir a estas personas que se consagran a Dios. Además, el Señor Jesús en persona reveló a Maryam el poder que tienen las almas de las personas consagradas. Le dijo: “Si en una ciudad, aunque fuera completamente pervertida, yo encontrara un alma, una sola alma consagrada que fuera fiel a sus votos, salvaría a toda la ciudad”.

He aquí la tremenda responsabilidad de las personas consagradas: con su fidelidad a Dios no son simplemente un ejemplo para nosotros sino se convierten en nuestros bienhechores. Nos defienden de las consecuencias nefastas de nuestros pecados. Imploran para nosotros la gracia de una conversión sincera al Señor y así nos ayudan a alcanzar la salvación. Sin embargo, la fidelidad a los votos (que el demonio llama “tres palabras malas”) requiere el martirio del corazón de un consagrado o consagrada. La salvación de otros no se alcanza pronunciando discursos altisonantes sobre Dios o la Iglesia, sino ofreciéndole al Señor toda nuestra vida como sacrificio de alabanza en el servicio de los hermanos necesitados de nuestro amor. Y esto cuesta. A la beata Maryam Jesús le había dicho: “el que sigue la regla de manera integral, posee la corona de un mártir”. Maryam valoraba muchísimo su vocación y sabía más que todos su verdadero valor. Cuando el demonio la puso a prueba por los 40 días, lo que el mismo le había pedido al Señor Dios, se había arrepentido de esta puesta en juego. En efecto, Maryam, paciente en todo, no se quejaba de nada. Satanás entonces suplicaba el Señor de abreviar el tiempo de prueba para Maryam, pues el mismo se veía vencido por esta muchacha que el llamaba “una nada”. Un día no pudiendo llevarla a maldecir su propia suerte, Satanás decía: “Al menos la voy a llevar a pronunciar una queja”. Nada de eso. La mártir de amor, beata Maryam triunfó sobre él, permaneciendo feliz y contenta en medio de todas sus pruebas. Hoy ella nos enseña que la consagración a Dios y fidelidad a ella es un verdadero don de Dios para todos. Solo hay que vivirla sin miedo ni preocupación por uno mismo. Dios se encarga de todo en la vida de los que le obedecen. Oremos entonces para que nosotros consagrados y consagradas seamos siempre más responsables del gran don que hemos recibido para el provecho de todos.

(por P. Gregorio Wierzba, CFR)

 

 

Hay una variedad de formas de vida consagrada. Una de éstas es la vida de las vírgenes consagradas. En nuestra diócesis de Matagalpa vive y trabaja una de ellas. Se llama Marievelia Ruiz Mora. Tiene 38 años de edad y es dentista. Aquí comparte con nosotros su experiencia vocacional junto con una reflexión sobre el estado de vida la cual el Señor la ha llamado.

  1. El Orden de Vírgenes

“La Virginidad no es para ser mandada, sino aconsejada y deseada (San Ambrosio).”

En todas las épocas y generaciones el Espíritu Santo hace florecer en la Iglesia varios carismas, para crecimiento y santidad de la misma Iglesia. Quisiera iniciar profundizando un poco sobre el carisma  al cual Dios en particular me ha hecho el llamado, poco conocido, pero, un carisma latente y con vida dentro de la vida consagrada y es:  El Ordo Virginum (el Orden de Vírgenes).

La vocación al Orden de Vírgenes consagradas  ha existido desde los primeros siglos de la Iglesia y forma parte de la tradición. A lo largo de los primeros cuatro siglos de la Iglesia, la consagración de Vírgenes seglares se extendió y floreció en la Iglesia dando origen a un rito de solemne belleza que figura entre los más preciosos tesoros de la Liturgia Romana.  Con el surgimiento de la Vida Monástica y el desarrollo de las Congregaciones Religiosas, las vírgenes seglares consagradas fueron desapareciendo paulatinamente y así dicha orden sufrió un silencio de siglos.

El Orden de Vírgenes es restablecido por el Concilio Vaticano II mediante la promulgación del Ritual, el 31 de Mayo de 1970. Esto abrió de nuevo la posibilidad para las mujeres seglares de vivir esta vocación.

El Orden de Vírgenes está constituido por mujeres seglares que por medio de un propósito irrevocable, sellado  por el Rito litúrgico, se comprometen a vivir en virginidad perpetua. Son consagradas por el Obispo diocesano, celebrando desposorios místicos con Jesucristo, Hijo de Dios, y se entregan al servicio de la Iglesia. No hay fundadores más que la propia Iglesia inspirada en el Misterio de La Santísima Virgen María.  Esta vocación es netamente eclesial, no tiene reglas, ni estructura comunitarias. La consagración es personal y particular, cada una en su propio domicilio individual o con sus familias  viven de sus trabajos ejerciéndolos con espíritu de servicio y de evangelización.

El superior de las Vírgenes es el Obispo diocesano, y la naturaleza de esta consagración las vincula a la congregación para  los Institutos de Vida Consagrada y sociedades de vida apostólica.

La Espiritualidad de las Vírgenes se define por la entrega radical del corazón a Jesucristo. La virgen consagrada es llamada a vivir su compromiso bautismal más radicalmente, inserta en el medio familiar, social y eclesial en el cual vive. Las bases sobre cuales se desarrolla su vida son: la oración, la Eucaristía, la vida sacramental y litúrgica, el estudio de la Sagrada Escritura, la comunión eclesial y el dinamismo apostólico.

  1. Mi testimonio vocacional

Pasando a mi testimonio, quisiera compartir que he crecido en un hogar donde recibí  formación religiosa por parte de mis padres. Todos mis estudios los llevé a cabo en el Colegio San José de Matagalpa que está bajo la dirección de las Hermanas Josefinas de las cuales también mi espíritu se nutrió.  La fe que recibí me ayudó a estar atenta a lo que Dios estaba haciendo. No fue hasta mis 17 años que sentí la llamada de Dios en mi vida, y atraída por todo lo del Señor inicié mi búsqueda la cual no fue nada fácil porque los caminos de Dios me iban conduciendo por donde yo ni imaginaba. Saliendo de mi secundaria en 1994 mi único deseo era irme al convento y donde sentía que Dios me llamaba era en las Hermanas  Josefinas, pero no fue así, mis padres insistieron en que me preparara y después de eso tomara la decisión que quisiera.

En el transcurso de mi universidad que no es un terreno muy favorable para cuidar una vocación, quise quitarme esa idea, pero fue imposible. Fue así que, en medio de mis estudios universitarios continuando mi búsqueda y poniendo Dios sus ángeles en mi caminar, inicié un proceso de discernimiento vocacional con las Hermanas Clarisas de Darío por un año y ellas me aconsejaron hacer una experiencia en una congregación de vida activa, para lo cual no me quedaba más que esperar con paciencia terminar mis estudios de la universidad.

Concluidos mis estudios decido tocar las puertas a la Congregación de Hermanas Josefinas y ellas me reciben pero me piden que mi formación la realice en México que es donde está la sede de la Casa General de dicha congregación.

Acompañada siempre del Señor y de la Santísima Virgen María, donde todo era incierto pero en mí siempre estaban los mismos deseos de iniciar mi formación religiosa, me toca volar a la Ciudad de México en enero del 2001. Muy animada pero también con muchas pruebas en mi estancia en México me tocó atravesar por valles oscuros y de dudas sobre mi vocación y cuestionamientos de que si el Señor verdaderamente me quería en esa Congregación. Recibí un apoyo inmenso e incondicional de las hermanas. Siento que luché mi vocación hasta más no poder pero no era ahí donde Dios me llamaba. Permanecí en México por ocho meses.

Al regreso de México, me dediqué a mi profesión, esperando en el Señor y no fue hasta después de ocho años, cuando nuevamente se encendió una luz de esperanza. Fue en el momento que hacía una visita a Monseñor Carlos Enrique Herrera, Obispo de la Diócesis de Jinotega. Platicando con Él fue donde Dios tocó a las puertas de mi corazón para preguntar directamente: ¿Y cuándo te consagras?,  el tiempo está pasando y ya es hora que tomés una decisión en tu vida.  Yo quedé impresionada sin hablar. Sentía que esa voz venía del Cielo y que era ahí donde Dios me estaba llamando. Lo único que dije al Obispo fue: ¿Usted me ayudaría?, a lo que él respondió que estaría dispuesto a apoyarme.

Desde ese día sentí que, después de recorrer mucho camino, el Señor estaba demostrando su gran amor y su generosidad para conmigo, indigna de Él.  Inicié el proceso recibiendo las orientaciones que Monseñor me proporcionaba, y cada vez que leía más en lo que correspondía al Orden de Vírgenes consagradas, iba enamorándome más de ese carisma.

Verdaderamente Dios es el que se encarga de ir escribiendo los designios de mi vida. A Jesús  mi agradecimiento por no cansarse de esperar y por no haber apartado su

mirada de mí.

Mi Consagración la realicé el 15 de Agosto del 2014 en manos de Monseñor Rolando José Álvarez Lagos, quien generosamente apoyó mi decisión.

Para finalizar, cabe mencionar, que la decisión de consagrarme la he hecho libre y por amor a Dios y al prójimo. Todo sea para la Gloria de Dios. Amén. Jesús, María y José.

Marievelia Ruiz Mora

Hermanas Franciscanas de la Encarnación (Hna. Yorleni del Rosario Tercero Castro: 2772-1880); Hermanas de la Caridad de Santa Ana (Hna. Yovania Esther Balmaceda Ruíz: 2776-4050); Hermanas Misioneras de la Caridad y la Providencia (Hna. Keyda Lidanys Palacios Ruda: 2772-2225); Hermanas Josefinas, (Sor Aydalina del Socorro Castillo Poveda: 2772-3256, ext. 8; 8544 5101); Hermanas Franciscanas Alcantarinas (Hna. Rosa Palacios: 2775-2212); Hermanas de Notre Dame de Namur (Hna. Rebeca Trujillo: 2772-2391); Hermanas Altagracianas (Hna. Isabel Vásquez: 2778-0037); Hermanas Clarisas (Hna. Clara Magdalena García: 2776-4056); Instituto de las Hermanas Misioneras Serviam (Hna. Judith María: 2778-1461); Instituto de los Hermanos Serviam (P. Raúl Francisco: 8660-8900); Frailes Menores (OFM) (Fray Valero Valenzuela: 5501 0735) Frailes Franciscanos de la Renovación (P. Gregorio Wierzba: 2772 2757).

 

 

 

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