Nos unimos al pueblo nicaragüense que hoy acude a la Basílica de la Inmaculada Concepción en el Viejo-Chinandega a lavar la plata, un bonito gesto que prepara las prendas de la Virgen para las fiestas del 8 de diciembre, pero que también debe preparar nuestro corazón para celebrar a la patrona de Nicaragua tratando de imitar su obediencia y seguimiento radical a Cristo.

Hace 455 años, llegó a El Viejo, departamento de Chinandega, procedente de España, la venerada y milagrosa imagen de la Purísima Concepción de María, hoy Patrona de Nicaragua.

Fue un dos de agosto de 1562, y la imagen llegó bajo la custodia de Pedro Zepeda de Ahumada, quien viajaba hacia Perú y tuvo que hacer una escala en el húmedo puerto de la Posesión, hoy llamado El Realejo.

Pedro Zepeda de Ahumada traía consigo una imagen de la Virgen de la Concepción. Él era un hombre muy piadoso y su hermana era monja carmelita, la también hoy venerada Santa Teresa de Ávila, Doctora de la Iglesia.

Según Monseñor Rodrigo Urbina, párroco de la basílica de El Viejo en Chinandega, el principio se remonta a Santa Teresa de Jesús. Según el archivo diocesano de la Diócesis de León que es la más antigua del país, el nombre del hermano de la santa era Pedro Zepeda de Ahumada, quien llegó a nuestras tierras con la misión de viajar al virreinato del Perú.

“El origen de la lavada de la plata también es de la época de la colonia, estos exvotos o regalos que la imagen de la virgen ha recibido por más de cuatro siglos entre nosotros son barras del palio, campanas, vasos sagrados, candelabros de metales preciosos que son puestos en las manos de la población para que sean lavados y pulidos cada seis de diciembre en la víspera de la Gritería”, cuenta Monseñor Urbina.

El sacerdote cuenta el origen de esta original tradicional. “¿Cómo nace esto? Los franciscanos que estuvieron al frente de la parroquia comenzaron a invitar a los vecinos, a los cercanos a la basílica para que participaran en este servicio. Con el paso del tiempo fue creciendo la participación de los hijos de la virgen santísima con el deseo de limpiar los objetos a la virgen”, añadió el párroco de la basílica de El Viejo en Chinandega.

Para Monseñor Rodrigo Urbina el gesto de limpiar “la plata de la imagen de la virgen María” denota “un carácter eminentemente penitencial porque así como se limpian estos objetos de plata cada seis de diciembre, en esta misma basílica se coloca durante el novenario un número suficiente de sacerdotes para que limpien y pulan también las almas de los mismos penitentes que visitan este lugar”.

“A 455 años de la llegada de la imagen de la virgen a Nicaragua vale la pena aprovechar la celebración, espiritualmente, al máximo, esto significa que hay que acercarse al Señor por la mediación de la virgen, una bendición muy grande que sentimos por todos los ángulos de la patria este fervor,” indicó.

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