Diócesis de Matagalpa

Boletín mensual de la Vida Consagrada en la Diócesis de Matagalpa No. 11 (Febrero 2016)

Este nuevo año 2016 que el Señor nos regala queremos, como siempre, dedicarlo a Él. Pues Dios es la única inspiración de nuestras vidas de consagrados y consagradas para la causa de su Reino.

Creemos oportuno presentarles, en este año, a varias comunidades de la Vida Consagrada que trabajan en nuestra Diócesis de Matagalpa. En el pasado, por medio de este pequeño boletín, les hemos hablado desde nuestras experiencias personales, contándoles nuestros testimonios de vida. Ahora, deseamos hablarles de algo más grande que nosotros mismos, es decir de nuestras comunidades de vida. Es allí que vivimos nuestra consagración diaria a Dios.

En el presente número de Senderos de la Vida Consagrada les presentamos la Comunidad de los Frailes Franciscanos de la Renovación. Se trata de una comunidad religiosa ubicada en la ciudad de Matagalpa (Nicaragua) en las proximidades del cerro Apante que desde el año 2014 es llamado Montaña de la Paz.

Dicha Comunidad fue establecida en el año 1987 por ocho frailes franciscanos capuchinos en el Bronx, Nueva York, bajo el patrocinio del entonces arzobispo de Nueva York, Juan Cardinal O´Connor.

En el año 1990 este grupo de frailes se convirtió en una asociación pública de los fieles, y en el año 1999 llegó a ser una congregación religiosa de derecho diocesano.

Actualmente cuentan aproximadamente 120 miembros. Tienen conventos en los Estados Unidos, Inglaterra, Irlanda, Honduras y Nicaragua.

El espíritu y la identidad de la comunidad es franciscana capuchina. Los capuchinos empezaron en los años 1500 como una reforma de los franciscanos. Enfatizaron oración, pobreza y penitencia, servicio a los más necesitados y predicación evangélica. Los Frailes Franciscanos de la Renovación tratan de destacar las mismas cualidades en su intento de renovarse a si mismos, la vida franciscana, la Iglesia y la sociedad.

Esta comunidad busca vivir los votos en una vida franciscana de una manera que desafíe efectivamente los valores mundanos prevalentes en cada tiempo. La pobreza material, el trabajo, la renuncia total a la posesión de los bienes inmuebles, una castidad madura y fiel, una obediencia activa y responsable, viviendo y comprometiéndonos en el trabajo directo con los pobres y desposeídos, son los componentes esenciales de esta forma de vida.

La pobreza manifiesta que Dios es la única riqueza verdadera del hombre… La obediencia es fuente de verdadera libertad, la castidad manifiesta la tensión de un corazón insatisfecho de cualquier amor finito… (San Juan Pablo II, La Vida Consagrada 21, 36)

Los valores espirituales que unen a los frailes entre sí son la entrega a Cristo Nuestro Salvador a través de la oración contemplativa y litúrgica, la adoración diaria del Santísimo Sacramento, la devoción a la Santísima Virgen María, la imitación de San Francisco y Santa Clara, el amor a la Iglesia y la lealtad al Santo Padre.

Para mantener vivo el espíritu y la vida de San Francisco en su apostolado, los frailes desempeñan el trabajo de la evangelización a través de la predicación y otros ministerios no-parroquiales a la manera de la primitiva reforma capuchina (Frailes Franciscanos de la Renovación, Constituciones).

Frailes y Hermanas de la Renovación celebrando el Vía Crucis en las calles del Bronx, Nueva York.

En Nicaragua, el único convento que tienen los frailes es el de Matagalpa. En la actualidad viven en el cuatro frailes: Padre Juan Antonio Boughton (EE.UU.), Padre Juan Diego Sutherland (Canadá), Padre Agustín Conner (Inglaterra) y Padre Gregorio Wierzba (Polonia). Todos ellos son sacerdotes y se dedican al servicio de los pobres y a la evangelización en las siguientes áreas de la vida pastoral de la Diócesis: La Pastoral Penitenciaria y la de la Salud. Visitas semanales a los privados de libertad y a los enfermos son para los frailes una oportunidad para llevar el mensaje del Evangelio de Jesucristo a los que sufren. Los frailes también se dedican a la evangelización de la cultura contemporánea por medio de un programa llamado Corazón Puro Nica (https://www.facebook.com/casitap/). Se trata de un programa que se dirige a los jóvenes de 15 años en adelante para hacerles ver y entender el porque de la castidad y de su belleza en la vida de cualquier persona que desee vivir una vida realimente feliz.  En una cultura dominada más y más por el sexo y una ávida búsqueda de placeres, se levantan voces de varios y varias jóvenes que con su manera de pensar y de vivir dan testimonio de que la castidad no solo es algo vivible, sino es fuente de alegría y paz interior. Escuchemos los que los frailes quieren decirnos más de su vida:

“Nuestro ministerio en Matagalpa consiste también en escuchar las confesiones. Lo hacemos los días jueves en la Catedral (11.30 am—3.30 pm) y en nuestro convento,  todos los sábados (12.00 pm—4.00 pm). Es un ministerio muy precioso y delicado. Hay que desempeñarlo en la caridad y en la verdad. El año de la Misericordia que actualmente vivimos nos lo recuerda con mucha claridad.

Aunque en Matagalpa somos pocos frailes contamos con el apoyo espiritual de nuestra familia franciscana en los EE.UU y en Europa. Es tan lindo saber que fuera de Nicaragua hay otros hermanos nuestros que como nosotros se entregan por la misma causa del Reino de Dios, oran como y con nosotros y pasan, quizás, por las mismas pruebas que nosotros.

Nuestra Comunidad reunida en uno de sus Capítulos Generales que celebramos cada tres años.

La vida diaria de nosotros se presenta de manera siguiente. Los días de la semana empezamos las oraciones a las 5.00 a.m. con el rezo del Oficio de las Lecturas. Se trata de una oración litúrgica de la Iglesia compuesta de salmos y dos lecturas, una de las cuales es tomada de la Biblia y otra tomada de otro tesoro de la Iglesia, que son las enseñanzas de los Padres de la Iglesia, de los Santos y de los Concilios. Después de este rezo, cada uno de nosotros hace su propia meditación en su lugar preferido. A las 6.30 am nos reunimos de nuevo para rezar con los salmos la oración llamada laúdes después de la cual celebramos la Misa comunitaria. Las oraciones matutinas terminan a eso de las 7.30 am. Sigue desayuno. Después, vamos a nuestras ocupaciones diarias. Nos toca no solo atender a las personas en el hospital o en la cárcel o en el confesionario, sino también ocuparnos de los quehaceres cotidianos de nuestro convento: cocinar, lavar la ropa (a veces hasta… ¡plancharla!), ocuparnos de las plantas del convento y cosas semejantes. En la tarde, a las 5.00, todos los días, nos reunimos para tener la Hora Santa junto con el rezo de las vísperas que es la oración vespertina de la Iglesia. La Hora Santa la hacemos en silencio, contemplando el rostro de nuestro amadísimo Salvador Jesucristo, oculto en la Hostia consagrada. De allí sacamos fuerza para nuestro caminar y quehacer cotidiano. De lo contrario nuestros esfuerzos de evangelización se reducirían a la realización de obras meramente sociales. Es Jesucristo que por medio de la oración nos invita a entrar en una comunión de corazón con Él para después poder enviarnos a servir a su Iglesia en todos sus hijos e hijas.

La Hora Santa termina a las 6 p.m. Para esta hora, el fray al que le ha tocado cocinar aquel día (y todos tienen que aprender a cocinar, sin ninguna excepción), ya tiene la cena lista. Nos reunimos entonces en el comedor, bendiciendo los alimentos y leyendo un pasaje del Evangelio del día siguiente. La cena para nosotros es un tiempo oportuno también para compartir los acontecimientos del día que está próximo para terminar.  En nuestra comunidad franciscana no tenemos televisión y ni tampoco usamos internet en la casa. Entonces, el tiempo que queda a nuestra disposición en la comunidad lo utilizamos para compartir con los demás nuestras propias experiencias y también las noticias que hemos escuchado durante el día.

Después de la cena hay que lavar los platos, limpiar la cocina y, luego, rezar las Completas, es decir la oración final del día. Después de las Completas, los de los frailes que todavía no han rezado el Rosario, lo rezan juntos.

El día del trabajo termina así. Por la gracia de Dios hemos pasado un día más, esperando que la semilla echada en los surcos de los corazones nuestros y de nuestros hermanos y hermanas, dará un fruto abundante.

Al final de esta breve presentación de nuestra vida franciscana, nos dirigimos a Ustedes pidiéndoles el apoyo de sus santas oraciones. Queremos ser lo que Dios quiere que seamos. Nada más ni nada menos. Sin Dios, pues, somos nada. Pero tampoco sin sus oraciones, que valen muchísimo, no nos será posible realizar la obra que Él nos ha confiado. Oremos, entonces, juntos con la oración de San Francisco de Asís. Pidamos a Dios que ilumine y encienda a cada unos de nosotros con su Santo Espíritu para saber y querer hacer su santa voluntad: Alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mí corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para cumplir tu santo y veraz mandamiento.

 

Miembros del Convento de San Antonio en Matagalpa De la izquierda  a la derecha están: Padre Juan Diego, Padre  Juan Antonio, Padre Gregorio y Padre Agustín.

Al final de esta breve presentación de nuestra vida franciscana, nos dirigimos a Ustedes pidiéndoles el apoyo de sus santas oraciones. Queremos ser lo que Dios quiere que seamos. Nada más ni nada menos. Sin Dios, pues, somos nada. Pero tampoco sin sus oraciones, que valen muchísimo, no nos será posible realizar la obra que Él nos ha confiado. Oremos, entonces, juntos con la oración de San Francisco de Asís. Pidamos a Dios que ilumine y encienda a cada unos de nosotros con su Santo Espíritu para saber y querer hacer su santa voluntad: Alto y glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mí corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, sentido y conocimiento, Señor, para cumplir tu santo y veraz mandamiento.

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