Diócesis de Matagalpa

“Puedo gritar que Nicaragua no es un país de violencia” dice Nuncio Apostólico

“Oh, pobre Fortunatus, te están mandando a ese país que no es seguro, que tiene problemas de inseguridad y hay conflictos”, le decían sus amigos a Fortunatus Nwachukwu, cuando el papa Benedicto XVI lo designó nuncio apostólico en Nicaragua, en noviembre del 2012.

 Nwachukwu ni se inmutaba con las lamentaciones de sus amistades por la supuesta situación de Nicaragua, pues desde pequeño conoció la violencia de la guerra en su natal Nigeria, África.

 En los años setenta, cuando era un seminarista en Nigeria, Nwachukwu había escuchado de Nicaragua, especialmente de la lucha de los sandinistas por derrocar a la dictadura somocista. Y en los ochenta, también escuchó sobre la “Contra”. Pero como ni se imaginaba que algún día le tocaría vivir en Nicaragua, no se ocupó de indagar más.

 Cuando tenía 7 años de edad, Nwachukwu vivió la guerra civil de su país Nigeria, también conocida como la Guerra de Biafra, la cual duró tres años. Así que cuando sus amigos se alarmaban porque él vendría a Nicaragua, él decía: “Bueno, yo he vivido conflictos, he trabajado en países difíciles, no tengo problema (en ir a Nicaragua)”.

 

Tras casi 10 meses de vivir en Nicaragua, Nwachukwu está claro de que la guerra civil en Nicaragua acabó en 1990 y afirma: “Muchas personas afuera de Nicaragua, desgraciadamente, quedaron con sus mentes en los años ochenta sobre Nicaragua, así que cuando se habla de Nicaragua las personas piensan en conflictos. Los periodistas tienen que ayudar a informar a nivel internacional que el país no está más en los años ochenta, que tenemos otra Nicaragua”.

 

“UN NIÑO REFUGIADO”

En 1967 estalla la Guerra de Biafra. Las provincias del sudeste de Nigeria, bajo el nombre de República de Biafra, intentan separarse de Nigeria.

Nwachukwu y su familia vivían en el lado de Biafra. Su padre, Innocent Nwachukwu, era un maestro que perdió el trabajo debido a la guerra y el pequeño Fortunatus se quedó dos años sin ir a la escuela.

“Durante tres años yo era un niño de Biafra, un desplazado interno de mi país, un refugiado adentro de Nigeria, enfermo, desnutrido, necesitado en cada sentido de la palabra, perdí a mis dos pequeñas hermanas a causa de la guerra civil”, relata Nwachukwu, mientras recuerda que miraba a sus amigos con el estómago inflamado por la enfermedad conocida comokwashiorkor , que padecen los niños con desnutrición extrema.

“Veía a mis amigos cambiar de color, y de un día a otro los padres nos decían que ya se habían ido (muerto). Perdí varios compañeros”, lamenta el nuncio.

Antes de finalizar la guerra, Nwachukwu y su familia huyeron del lugar donde estaban vigilados por las tropas nigerianas, pero él y dos hermanos se fueron en una dirección y sus padres en otra. Pasaron varias semanas para que se reuniera la familia completa.

Uno de los traumas más difíciles que Nwachukwu debió enfrentar fue haber perdido dos años de escuela. “Yo he tratado de recuperar el tiempo perdido, es como si yo tuviera un enojo dentro de mí, no contra una persona pero (sí) contra las circunstancias que me hicieron perder esos años escolares”, dice Nwachukwu, quien terminó la primaria un año antes del tiempo establecido y la secundaria, que debió culminarla en cinco años, lo hizo en tres.

 

SACERDOTE Y POLÍGLOTA

Desde muy pequeño Nwachukwu sabía que quería ser sacerdote, médico o abogado. En 1984 se convirtió en sacerdote, un oficio en el que también ha visto cumplido sus dos otros deseos: ayudar a sanar a los enfermos y defender a los indefensos.

Su madre, Bridget (Nwankwo) Nwachukwu, era anglicana antes de casarse y convertirse al catolicismo y el nuncio recuerda que la familia materna siempre le cuestionó el deseo de ser sacerdote. “Desde joven tuve que defender el hecho de querer ser sacerdote, de querer vivir sin casarme, tener que rezar a los santos, rezar el rosario, cada cosa que me decían mis parientes maternos: Pero esto no está en la Biblia”, recuerda Nwachukwu.

El cuestionamiento de su familia materna llevó a Nwachukwu a interesarse por la Biblia. En el seminario de Nigeria dio sus primeros pasos y luego se fue a Roma e inclusive a la Tierra Santa para estudiar las lenguas bíblicas, como el arameo, el hebreo tanto antiguo como moderno, el griego y el latín. Además, Nwachukwu estudió lenguas como el inglés, el francés, español, alemán. Junto al italiano y su lengua natal, el igbo, Nwachukwu maneja once idiomas en total.

“PUEDO GRITAR QUE NICARAGUA NO ES UN PAÍS DE VIOLENCIA

Fortunatus Nwachukwu parece tener siempre una sonrisa dibujada en el rostro. Por algo pasó cinco años en el servicio diplomático del Vaticano, al lado del papa Benedicto XVI, recibiendo y atendiendo a los presidentes y jefes de Estado que visitaban al santo padre.

Después de ser relevado en su cargo en el Vaticano y ser ordenado obispo en enero del 2013, el 18 de febrero por la noche llegó a Nicaragua, como nuncio apostólico, con una bendición del papa para los nicaragüenses. Nunca antes había visto al presidente Daniel Ortega.

“Cuando presenté mis credenciales el presidente me acogió muy bien. Era mi primer contacto con el presidente Ortega, en aquella ocasión no podía evaluar (a Ortega), pero me hizo una buena impresión”, recuerda Nwachukwu.

En estos casi diez meses en el país, Nwachukwu se ha dejado conquistar por el gallo pinto. Por ser Nigeria un país tropical, al igual que Nicaragua, el nuncio asegura que las comidas de ambos países se parecen, aunque con diferentes nombres. Lo único que no tienen en Nigeria es queso, lamenta el nuncio. 

En una ocasión el nuncio llegó a los alrededores del Mercado Oriental, para comprar frutas, pero no entró al corazón del centro comercial por falta de tiempo. Nwachukwu dice que espera llegar al mercado y visitar también los lugares más pobres del país, a como le ha orientado el papa Francisco.

Además, Nwachukwu no tiene miedo que le roben en las calles. “¿Qué me van a robar? Lo puedo gritar, Nicaragua no es un país de violencia, ahora, hay violencia como hay en otros países, pero no es un país de inseguridad como hay en otros países (de todo el mundo)”, indica Nwachukwu, quien se ríe cuando recuerda a sus amistades preocupadas porque venía a un país “de inseguridad”.

Por:Eduardo Cruz y Emiliano Chamorro

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