Diócesis de Matagalpa

Monseñor Alvarez, en sus reflexiones para la primera semana de Cuaresma, habla sobre el desierto espiritual y las experiencias que se viven en ese sitio:

Hemos celebrado el primer domingo de Cuaresma, tradicionalmente llamado “domingo de las tentaciones”, donde Jesús es llevado por el espíritu al desierto, que es un lugar donde suceden tres experiencias fundamentales: La oración, la tentación y el combate espiritual.

Oración: En este tiempo tenemos que intensificar la oración, el que no ora que empiece a orar balbuceando como un niño, diciéndole al Señor lo que se siente en el corazón, en el interior, poniéndose delante de él. Está muy mal pensada o dicha aquella idea que para orar hay que dejar los problemas fuera y hacerlo sin ningún sentimiento humano; tenemos que entrar en esta vía de comunicación con Dios, con todo lo que llevamos adentro incluyendo las batallas y conflictos, orando la vida con espontaneidad, sencillez y normalidad cada uno desde su propia historia, pasado y presente.

El que ya ora es tiempo de orar más y con mayor disciplina. No olviden que aunque la oración es una gracia y para el orante se convierte en una necesidad, hay que tener perseverancia interior para que la agitación del día a día no te arrebate esa gracia. En ella nos jugamos la vida, la jornada diaria, y como lo recomienda el papa Francisco en la oración debemos siempre tener contacto con el Evangelio del día.

Tentación: ¿Por qué el desierto es también lugar de tentación? Porque es seco, infecundo, y en una situación así el demonio te tienta, pues la tentación siempre viene de él; es una invitación al pecado y Dios nunca te hará pecar. Esto (la tentación) lleva a querer arrebatarte la vida cristiana que llevas. La tentación sin embargo no es un pecado, Jesús fue tentado pero no pecó, y si tú las has superado en algunas ocasiones, ¡alégrate! porque eso es una gracia y en este sentido la Cuaresma es un tiempo de oración y también de tentación, porque seguramente hiciste propósitos de ser mejor, de vivir la santidad; y claro, Satanás no quiere eso y te tentará, por lo tanto debes ser fuerte en estas situaciones y ante el pensamiento de creer que una vez que caíste en el pecado, no eres digno de rezar, ir a la Eucaristía o buscar los sacramentos.

Lugar de combate y batalla espiritual: No es una batalla humana, estamos contra fuerzas espirituales del mal, del enemigo que quiere desvirtuar al casado de su matrimonio, al que habita en la gracia sacarlo del camino, al consagrado quitarle la felicidad y la alegría de la vida, frustrándolo y desilusionándolo.

Ante todo eso debemos ser dóciles y dejar que Cristo se convierta en el pedernal, la roca de nuestra vida donde colapsen las fuerzas del mal.

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