Diócesis de Matagalpa

El ciego de la piscina de Siloé

En el evangelio de San Juan (9, 34) leemos que los fariseos echaron de la sinagoga al ciego que había sido sanado. Y cuando lo expulsaron – porque aquel hombre tenía que pasar de la Antigua a la Nueva Alianza; de su antigua ceguera a un nuevo estado de vida donde podía ver la luz – Cristo lo encuentra y le dice: “¿Crees en el Hijo del hombre?” El ciego pregunta: “¿Quién es Señor, para que crea en él?” Y Jesús le dice: “Lo estás viendo, es el que está hablando contigo”. Y entonces aquel hombre hace una maravillosa profesión de fe, postrándose en signo de adoración le dice: “Creo, Señor”. Ya no lo reconoce únicamente como el profeta que lo había curado sino como el Hijo del Dios vivo.

De ahí que cuando Cristo sana a aquel hombre, está iniciando a manifestar su obra misericordiosa, que llevará a feliz término y a plenitud total con esta profesión de fe: “Creo Señor”. Y al postrarse ante Jesús que le ha devuelto la vida, lo reconoce como el Señor, el Salvador, el fundamento, la razón de su existencia. Cristo es por quien aquel hombre ahora vive de verdad.
Cristo es quien nos alza de la basura y de la miseria para trasladarnos al trono de la misericordia. No hay pecado tan grande que no pueda ser perdonado. Aunque tus pecados sean rojos como la escarlata, él los dejará blancos y puros como la nieve (cf. Is 1, 18). Si tu padre y tu madre te abandonaran yo nunca lo haría, dice el Señor (cf. Is 49, 15).
Querido hermano: Acude a Cristo, sé obediente, déjate llevar por él, déjate educar por él, reconócelo como el Hijo del Dios vivo, como el Señor. No seas como los fariseos ante quienes se presentó la Luz del mundo y la rechazaron porque estaban ensoberbecidos en sus caprichos y razonamientos. Renuncia al pecado, da un paso adelante, abre tu mente y tu corazón ante la Luz del mundo que viene, que quiere reinar en ti y contigo. No dejes pasar esta oportunidad, no seas de los incrédulos, sé de los creyentes: “Yo te digo que si tú crees verás la gloria de Dios” (cf. Jn 11, 40). Y entonces el Señor hará maravillas memorables en tu vida. Acepta, acoge, recibe, abraza y ama a Jesucristo, Luz del mundo.

Con cariño de pastor,

Mons. Rolando José
Obispo

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