Diócesis de Matagalpa

“No podemos juzgar ni condenar a nadie”. Monseñor Rolando Alvarez en Palcila

“No podemos juzgar ni condenar a nadie porque todos somos pecadores”, dijo monseñor Rolando Alvarez, obispo de la Diócesis de Matagalpa, durante una profunda homilía sobre el amor de Dios y el perdón, la mañana de este sábado 14 de marzo al presidir la santa Misa en la comunidad “Palcila”, de la parroquia San Juan Bautista de Matagalpa, donde fue recibidos con mucho cariño por la feligresía quienes le acompañaron desde la entrada principal en una caravana de motorizados en la que el Obispo se trasladó en un Polaris, vehículo propio para el trabajo en esa zona.

Metros antes de la capilla el coro dedicó un bello canto al Prelado quien al llegar presidió la santa Misa y dirigió al final un momento de adoración a Jesús Sacramentado, acompañado por el padre Salvador López, párroco, y fieles del área urbana y rural que ahí se congregaron.

En la homilía en un primer momento explicó como la gente se sentía rechazada, herida y ofendida por los publicanos quienes se ponían al servicio de los opresores que subyugaban al pueblo, y además no decían nada por miedo a los romanos, y el pueblo tenía que aguantarse esto, y “recuerden leví, Mateo, era un publicano, un cobrador de impuestos y el Señor lo llama estando en la mesa del pecado de la explotación, de ahí lo llama el Señor, quien se relacionaba con ellos tanto que uno de los doce, Mateo, era un publicano, un pecador público, reconocido por cometer un pecado social, que es lo que se hace contra el pueblo”, indicó.

Aquí el Obispo recordó la escena donde los publicanos llevan a una mujer sorprendida en adulterio, y Jesús dice: “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra”, mientras todos se marchaban Jesús queda sólo con esta mujer, la miraba, y ese es el secreto, porque en la mirada se transmite el amor, “Cristo no aprueba el pecado de aquella mujer, no la juzga sólo le dice vete y no vuelvas a pecar más, así como Mateo lo siguió el Señor vio el corazón de este hombre, lo amó y Mateo lo siguió, lo mismo pasa con aquella mujer. Este es el gran amor de Dios por nosotros, por cada uno de nosotros, Dios que no condena, que no nos acusa, que no quiere sorprendernos en el pecado, pero lamentablemente hay muchos católicos, muchísimos, que conciben y conocen a un Dios que les condena, que les acusa y que busca como sorprenderte en el pecado para agarrarte con la mano en la masa y dejarte caer el castigo, y hasta lo dicen en refranes populares: Dios castiga sin coyunda, y Dios no castiga, Dios es amor, y todo lo que no sea amor no es de Dios, no procede de Dios, ese es el Dios nuestro, el Dios del amor, en el que nosotros creemos y necesita que le prediquemos, este es el Dios que por un pecado con el que hayas muerto porque se te olvidó confesarlo no te condenará, y repito no es que Dios acepte el pecado, es que Dios te ama, viendo tu conciencia te perdona y nos exhorta a no pecar más a no permanecer en el pecado”.

“Nuestro Dios ciertamente es el que come con publicanos y pecadores, si Dios no fuese así ninguno de nosotros estuviese aquí, y ante quien te dice ¿para qué vas a la Iglesia si sos el mismo de siempre? Yo te digo: Por eso vas a la Iglesia porque no te compones, por eso rezas, porque no te compones, por eso vas a la Iglesia, porque tenes que hacer eso y más, tenes que venir a la Iglesia, tenes que confesarte y decir al Señor: Conviérteme Señor y yo me convertiré. Yo sólo no puedo, tienes que convertirme Señor y si lo haces yo me convierto. Sólo puede actuar así el que se siente amado por el Señor. Me duele tanto el pensar que hay hermanos que dicen: Yo no me convierto nunca, ya no me iré a confesar porque no puedo ya, pero hermano si sigues acudiendo al sacramento de la confesión te dirá: ¿Dónde están los que te condenan? Y hermanos les pregunto: ¿Quién te aconsejó perdonar 70 veces 7? Fue Jesús, y el Señor da el consejo y lo cumple, ve que estamos luchando por convertirnos por dejar de ser pecadores y él siempre te perdonará”, expresó.

Monseñor Alvarez subrayó que la Iglesia católica es la de los pecadores porque ahí van borrachos, prostitutas, fornicarios, es la Iglesia de los publicanos y pecadores, y no es porque “aprobamos el pecado”, es más, la Iglesia denuncia el pecado social pero nunca “condenamos a nadie, denunciamos el pecado social pero amamos al pecador social, porque seguimos a Dios que no condena a nadie e invita a la conversión de todos, eso es lo que algunos no han entendido, algunos quisieran que por anunciar a Dios que es misericordia no denunciemos el pecado social, porque hay que anunciar y denunciar, y a la hora de denunciar el pecado social anunciamos al Dios de la misericordia, al Dios del amor, por eso no podemos juzgar ni condenar a nadie porque todos somos pecadores, y si condenáramos a alguien cometeríamos el error de los escribas y fariseos, y del hermano del hijo pródigo que no quiso entrar a la fiesta. Ven el problema de este muchacho es que nunca supo que era hijo, no se sintió hijo, por eso en relación al pecado social tenemos los ojos abiertos y no condenamos ni juzgamos a nadie, y diremos conviérteme Señor y yo me convertiré”. Concluyó.

Por: Manuel Antonio Obando Cortedano.

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