Diócesis de Matagalpa

Reflexiones de monseñor Rolando Alvarez, jueves de la XXVI semana del tiempo ordinario

El Señor envía, elige y llama a otros 72 discípulos, los envió de dos en dos haciendo en primer lugar una constatación: “La cosecha es mucha y los obreros son pocos, rueguen pues al dueño de la mies que envíe trabajadores a su mies”. Hace 50 años en nuestra Diócesis no habían ni 10 diez sacerdotes, hoy entre religiosos y diocesanos somos 54, por eso siempre esta constatación profética de Cristo la sentimos todos.

En un segundo lugar el Señor nos envía a orar, y nosotros con mayor fuerza lo hacemos los jueves cuando ante el Santísimo le pedimos que nos de sacerdotes santos. En la visita que recientemente he realizado a la Santa Sede, expliqué que este tiempo de florecimiento vocacional que vivimos en nuestra Diócesis donde hay 74 seminaristas, se debe a una Iglesia misionera que no se estanca, a la familia católica de donde procede la vocación y a la oración, en esto testificamos que el Señor nos ha escuchado.

Como tercer punto en el Evangelio según San Lucas (10:1-12), hay una advertencia: “Les envío como corderos en medio de lobos”. ¿Quién dice que la misión y el servicio al Señor no son duros, no traen sufrimientos y problemas? El profeta, hombre de Dios sabe que su palabra no siempre caerá bien, él es enviado para obedecer y cumplir con el que lo envía y cuando cumple esto se enfrenta a la crítica, al cuchicheo o murmuración.

En cuarto lugar da a los discípulos orientaciones concretas: “No lleven bolsa, ni alforja, ni sandalias. Y no saludes a nadie en el camino”. Lo que aquí quiere decir es que no se detengan en lo superficial. “Cuando entren a una casa deseen la paz”, esto Jesús lo dice recordándonos que no somos portadores de malas noticias sino de buenas nuevas, y continúa el texto, “si en esa casa hay gente amante de paz, se cumplirá”. Con esto se nos enseña que la palabra del misionero es fuerte, el Señor le da a esa palabra una autoridad. También nos llama a ser prudentes cuando pide quedarse en la casa que nos reciban, sin pedir lujos y comiendo lo que nos ofrezcan.

El mandato final es anunciar que el reino de Dios está cerca acompañado de signos para que el mundo crea, y antes de terminar la lectura encontramos una sentencia que ojalá no la usemos: “Límpiense las sandalias”. Hermanos con nadie hay que sacudirse los pies, eso hay que guardarlo, aunque esa persona te haga daño o te quiso dañar.

Este texto se refiere a una comunidad en salida, a una Iglesia en movimiento, desinstalada, que sale de las comodidades para ir al otro. Ya pasó el tiempo de ir al templo únicamente, ahora este debe moverse a la gente, y se mueve cuando llevamos la palabra a los hermanos. El Señor nos permita seguir siendo una Iglesia misionera, testigo de Misericordia.

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